3/9/16

La Iglesia contra los amancebados / Cuba, 1852

Una muy curiosa nota en el libro 1 de matrimonios de la iglesia de Santa Florentina del Retrete de Fray Benito, norte de Oriente, actual provincia de Holguín, en 1852, tras la visita del Arzobispo a la misma y sus recomendaciones en cuanto a los amancebados (personas que convivían sin haber contraído matrimonio). Nótese la recomendación de recurrir al poder civil (al Estado representado en sus jueces de distrito y alcaldes) para obligarlos a abandonar "tan infeliz estado"; y si esto no bastase que se le avisase a la máxima autoridad eclesiástica de la Diócesis para procedes como conviniere (o sea, con la excomunión, evidentemente).

Les dejo la página en cuestión que se halla en el mencionado libro Folio 192. Más la transcripción al pie de la imagen. Los subrayados son míos.


Vistas las partidas de matrimonio de blancos desde la última visita hasta el presente las damos por visitadas y mandamos al cura atienda y observe lo mandado en el libro de bautismos de blancos en [q]uanto al modo de escribir las partidas y a más le encargamos vigile los amancebados que vivan en esta parroquia, que los ecsorte [exhorte] a salir de tan infeliz estado y que les allane todas las dificultades que suelen presentar para contraer matrimonio teniendo a la vista el auto dado en la Villa del Cobre en el mes de junio de año pasado. Pero si sus avisos no aprovechan se valdrá de la autoridad civil para obligarlos a dejar tan mala vida, y si este paso no sirve acudirá a Nos para disponer lo que considremos conveniente.
Antonio María, Arzobispo de Cuba

Por mando de S. E. el Arzobispo mi S°. Manuel Vilaró

18/7/16

Algunas curiosidades genealógicas: Bautizos de extranjeros en Gibara entre 1820-1825

Gibara, puerto de Holguín abierto en 1820, significó una puerta abierta a la emigración que renovó económica y genéticamente hablando la endogamia regional. Algunos ejemplos de esta emigración (no española) en los bautizos de la iglesia San Fulgencio en la década de 1820.

Bautizo el 20 de diciembre de 1822 en la iglesia San Fulgencio de Gibara, de Angel Thomson, natural de Charleston, Georgia, Estados Unidos, hijo de Hilario y Ana Thomson:


Bautizo el 4 de noviembre de 1822 en la iglesia de San Fulgencio de Gibara, de Bernardo Torrent, de 24 años, nacido en la isla de Providencia (Bahamas), hijo de Bernardo Torrent, de Francia, y de Margarita Torrent, nacida en Irlanda:



Bautizo el 8 de noviembre de 1822 en la iglesia San Fulgencio de Gibara, de Luisa Josefa María Miur, hija de Juan Miur y de Lucrecia Bradirk, naturales de Escocia, y vecinos de La Candelaria. Abuelos paternos, Julián Miur e Isabel Bladotl. Abuelos maternos, Juan y María Bradirk:


Bautizo el 18 de mayo de 1823 en la iglesia San Fulgencio de Gibara, de José Miguel Moreau, hijo de Guillermo (Guillaume) Moreau y de Juana Luisa Couvet, naturales de Nantes, Francia. Abuelos paternos, Juan Moreau y Ana ?. Abuelos maternos, Miguel Couvet y Marie Fournier:


Bautizo el 19 de junio de 1823 en la iglesia San Fulgencio de Gibara, de Juan Roberto Baseten, hijo de Jorge Baseten y de Helena Baseten, naturales de Cork, Irlanda. Abuelos paternos, José y Lucía Baseten. Abuelos maternos, Juan Baseten y Helena Koll:


Bautizo el 21 de mayo de 1824, en la iglesia San Fulgencio de Gibara, de Jorge Samuel Clark, hijo de Jorge A. Clark y Mariana Clark, naturales de Connecticut, Estados Unidos. Padrinos Samuel Driggs e Inés MacKenzie:


Bautizo el 25 de agosto de 1823, en la iglesia San Fulgencio de Gibara, de Manuel Lorenzo Wagner, hijo de Lorenzo Wagner, natural de Alemania y María Josefa Wellen, natural de Bremen (Alemania):


24/1/16

El Testamento del primer propietario del Hato de Holguín / Enmendando un error de tres siglos


Necesaria rectificación (tras ser hallado el testamento) de un error arrastrado desde hace más de tres siglos sobre el primer propietario del Hato de la Costa Norte del Bayamo, llamado luego "de Holguín" y sobre la biografía del fundador Diego de Holguín, "el Viejo" y de su heredero e hijo natural Francisco de Holguín, entremezcladas hasta el día de hoy.

Leerlo en esta entrada antigua del blog, hoy rectificada con los datos actuales. Pulsar:

Francisco [García] de Holguín / rectificación después de encontrar el testamento de su padre Diego de Holguín "el Viejo".




23/1/16

Genealogía cubana. San Isidoro de Holguín / por la Asociación de Diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria / Madrid

Una reseña del libro Genealogía cubana. San Isidoro de Holguín (Ed. Aduana Vieja, Valencia, 2015), por la Asociación de Diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria, radicada en Madrid.


Para ir a la página de la reseña pulsar en: INFORMACION BIBLIOGRAFICA



Genealogía cubana. San Isidoro de Holguín

Publicado por el escritor cubano establecido en París, William Navarrete, en colaboración con la economista y profesora de la universidad floridana de Saint Thomas, María Dolores Espino González-Longoria, Genealogía cubana. San Isidoro de Holguín (Ed. Aduana Vieja, Valencia, 2015) se apoya en el censo o padrón efectuado por un funcionario del Cabildo de la villa de San Salvador de Bayamo, región oriental de Cuba, en febrero de 1735, en época en que el incipiente poblado de Holguín (hoy día tercera ciudad de Cuba en población y recientemente bendecida por el Papa Francisco en su viaje pastoral a la Isla), no era más que un caserío con 114 viviendas que no había obtenido aún, por parte de la Corona, el título de Villa.

Dicho censo (Padrón de las casas y familias y todas las personas estantes y ha(v)itantes de este pueblo de San Isidoro de Holguín), conservado en el Archivo de Indias (Santo Domingo, 497) es el primer documento en que se mencionan los fundadores de la futura Villa. En él aparecen encabezando cada núcleo familiar: el pater familias, su esposa, los hijos que viven solteros bajo su mismo techo, otras personas vivientes, así como los esclavos y sirvientes de las casas que disponen de ellos. Entre paréntesis el funcionario añade la edad para cada uno de los empadronados y, en ocasiones, el grado militar de quienes se desenvuelven en este ámbito.

Como queda aclarado por el autor en la Introducción del libro, quienes se han acercado al padrón de 1735 (transcrito con anterioridad por Peter E. Carr en un folleto sobre censos cubanos de los siglos XVI, XVII y XVII), no logran identificar, entre quienes aparecen empadronados, a sus propios ancestros. La dificultad estriba en el hecho de que solo se menciona, y en ocasiones con errores de transcripción por parte de Carr, el primer apellido de cada individuo, y se ofrecen datos erróneos sobre los lazos familiares entre estos. El volumen de 280 páginas propuesto por William Navarrete corrige los datos ofrecidos, los comenta y amplía según cada caso, añadiendo las fechas de bautizo, matrimonio y defunción de cada empadronado, mencionando los libros y folios en el archivo parroquial holguinero en que se hallan y, completando la descendencia de cada familia hasta los nacidos en fechas posteriores a febrero de 1735, límite temporal del Padrón.

Holguín es junto al pueblo pinareño de Cortés la única villa de Cuba que debe su nombre a un conquistador. El sitio le fue otorgado como hato, encomienda o naboría de indios, a principios del siglo XVI, al extremeño García de Holguín, al parecer originario de Cabeza de Buen, quien participó en la expedición de Francisco de Grijalba, enviada por el Adelantado de Cuba Diego Velázquez de Cuéllar a México, para detener el empuje de Hernán Cortés. Luego, pasó a las tropas de este último y participó en la captura de Guatemocín (Cuauhtémoc), último príncipe azteca, el 13 de agosto de 1521. Permaneció el hato cubano, durante todo el siglo XVI y parte del XVII, en manos de la descendencia de García de Holguín y empezó a poblarse lentamente, con sus nietos y bisnietos, hasta que la pérdida por parte de la Corona española de la isla de Jamaica (1655) ocasionó lo que el autor considera en su libro como una ‘‘explosión demográfica’’, debido a que las villas cubanas de Santiago de Cuba y San Salvador de Bayamo asimilaron entonces buena parte del éxodo. A partir de esta coyuntura histórica algunos habitantes de Bayamo (muchos de ellos exiliados jamaicanos) encuontran asiento en las tierras del noreste (actual territorio de la ciudad de Holguín).

De este modo, en 1735, el crecimiento de la población alrededor del hato, originalmente fundado por García de Holguín, obliga al Cabildo bayamés a establecer un padrón de habitantes. La escasa bibliografía impresa sobre el siglo XVIII cubano (el autor recuerda que la imprenta llegó a la Isla en 1723 y se desarrolló muy lentamente) y lo poco que se ha ahondado en materiales de archivos referentes a este periodo, hacen de este libro una fuente bibliográfica de gran interés no solo para quienes realizan consultas genealógicas sino también para los interesados en conocer la composición social de un asentamiento español tipo en el Caribe antillano.

También recuerda que se ha perdido mucha información por el deterioro de los libros parroquiales, conservados en la iglesia de San Isidoro de Holguín a partir de 1729 para los bautizos y de 1730 para matrimonios y defunciones. Los testamentos y protocolos que se hallan en los archivos provinciales son también motivo de preocupación. El hecho de que todos estos manuscritos no hayan sido digitalizados ni copiados, nos dice el autor, y de que la humedad y la manipulación constante hayan dañado muchas hojas, nos colocan ante a un patrimonio muy frágil, en peligro de que desaparezca irremediablemente un día. De ahí, la urgencia de transcribir la mayor cantidad de material posible y de ofrecer la información más completa a partir de las fuentes que han perdurado. Una tarea en la que se ha enfrascado a distancia, desde París, durante las últimos diez años.

En las páginas que preceden al Padrón, William Navarrete establece la genealogía de 17 apellidos fundadores de Holguín. De ellos, proceden de la colonia de Jamaica perdida los siguientes: de Almaguer, Hechavarría, de Leyva, Ricardo de Armendía, Pupo (originalmente Ponce de León), Proenza y de la Torre. De las islas Canarias llegó el primer de la Cruz, de Villa de Pravia (Asturias) el apellido de Ávila, de Soria el primer Batista (Batista-Bello de Castro Almira originalmente) y de Córdoba, entre los fundadores de Holguín, el linaje del Corral. Completan la lista de genealogías abordadas las de los apellidos de Escalona, de Fonseca (presente en Canarias antes de establecerse en Bayamo), González de Rivera (linaje portugués establecido en Cumaná, actual Venezuela, antes de llegar a la región oriental de Cuba), Rodríguez de Leytía (procedente de Santiago de los Caballeros, La Española), Vázquez de Zamora (sevillano) y, finalmente, Moreno de Navia, Paneque, de la Peña, de los Reyes, Reynaldos, Serrano y Velázquez de Cuéllar, establecidos en Bayamo desde el siglo XVI y principios del XVII. De todos ellos se ofrecen el primer individuo que se establece en Cuba, así como su descendencia hasta la fecha aproximada de 1750, en que nacen los últimos hijos de los empadronados en el documento de San Isidoro de Holguín.

Vale la pena recordar que en materia de genealogías cubanas los trabajos más completos que han sido publicado corresponden a Historias de familias cubanas (9 tomos), de Francisco Xavier de Santa Cruz y Mallén, conde de San Juan de Jaruco; Dignidades nobiliarias cubanas y Genealogías habaneras (en 4 tomos), ambos de Rafael Nieto Cortadellas, así como algunos estudios muy completos de apellidos publicados por sus autores. Genealogía cubana. San Isidoro de Holguín se añade, en lo adelante, a las bibliografías más completas en esta disciplina.


21/12/15

Libro Genealogía cubana. San Isidoro de Holguín, Ed. Aduana Vieja, Valencia, 2015

Genealogía cubana. San Isidoro de Holguín,por William Navarrete y María Dolores Espino.Ed. Aduana Vieja, Valencia, 2015



Entrevista a William Navarrete

por Félix José Hernández, París.


William Navarrete nacido en Cuba en 1968 vive en París desde hace 25 años. Tiene en su haber más de quince publicaciones en géneros tan diversos como la poesía, la novela, el cuento, el ensayo y el periodismo. Su novela más reciente, Fugas (Tusquets, 2014) ha visto la luz en francés bajo el título de En fugue (Ed. Stock, París, 2015) con traducción de Marianne Millon. Navarrete ha sido curador de exposiciones, traductor para el sistema de Naciones Unidas, activista político a través de asociaciones que fundó en París junto a otros compatriotas. Ha preparado antologías: una de homenaje a José Lezama Lima, Aldabonazo en Trocadero 162; otra por el centenario de la República cubana, publicada en 2002 en las ediciones Universal (Miami); una de poetas cubanos en París titulada Insulas al pairo. Ha preparado monografías críticas de artistas, montado exposiciones y dirigido colecciones de literatura en donde ha publicado a muchos autores. Colabora permanentemente para El Nuevo Herald y otras publicaciones periódicas, y ha organizado, además, decenas de presentaciones de libros y películas en la Maison de l’Amérique Latine de París durante más de una década, y ofrecido conferencias en bibliotecas y espacios culturales en Francia, Italia, España, Alemania, Estados Unidos y América Latina. Muy presente en salones y ferias literarias en el país donde vive y en todo el mundo, ha sido invitado en los últimos años a la Feria Internacional del Libro de Miami, al Festival de la Palabra de San Juan de Puerto Rico, a la Feria de la UANL en Monterrey, el festival de Santa Cruz de las Letras en Bolivia, el HAY Festival de Xalapa (México) y a gran cantidad de salones literarios a lo largo de Francia: Niza, Deauville, Montmorillon, París, Saint-Louis, Cosne-sur-Loire, Villeneuve-sur-Lot, Provins, Narbonne, Quimper, Roquebrune, Sète, Le Mans, entre muchos más. Recientemente acaba de recibir la beca de Creación que otorga al Centro Nacional del Libro en Francia a escritores consagrados que presentan un proyecto de escritura y que cumplen con los requisitos de esta.
Sorprendente es su nuevo libro: Genealogía cubana. San Isidoro de Holguín, con la colaboración de María Dolores Espino, profesora de economía internacional, ambiental y de recursos naturales, en la Universidad de Saint Thomas y en la Florida International University. Lo publica la editorial valenciana Aduana Vieja, y este tema en el que, a pesar de llevar un blog de genealogía holguinera (http://genealogiaholguinera.blogspot.com) desconocía motivaba a este escritor. En una entrevista que me concede explica ampliamente en qué consiste y nos ofrece detalles sobre este valioso trabajo.

FJH: ¿En qué consiste este nuevo libro Genealogía cubana. San Isidoro de Holguín?

WN: Se trata de un libro muy diferente de todo lo que he publicado hasta la fecha. La ciudad de Holguín, en el norte del Oriente cubano, fue un desgajamiento de Bayamo. Cuando los ingleses conquistaron Jamaica y se la arrebataron a la corona española, los colonos peninsulares que allí vivían tuvieron que evacuar la Isla. El éxodo jamaicano se dirigió entonces, en gran medida, hacia las villas cubanas de Santiago y Bayamo, las más cercanas geográficamente a la colonia perdida. Es por ello que ocurre un abrupto crecimiento demográfico en el año de 1655 y que parte de la población que llega a Bayamo se instalará poco después en otras regiones de la comarca. En esa época, lo que hoy es la ciudad de Holguín (tercera en número de habitantes de Cuba) estaba solamente constituida por hatos, haciendas y corrales, fundados, en su mayoría, en el siglo XVI y XVII, en épocas de las naborías de indios. Con la explosión de la población de Bayamo dichos hatos se convierten en una solución ideal para prosperar económicamente y, poco a poco, alrededor de ellos, se va constituyendo un incipiente poblado que en 1735 posee ya 114 casas. Hay que recordar que en ese tiempo, en la región de Holguín, se daba un tipo de hacienda llamada comunera, un tipo de propiedad agrícola en que diferentes personas podían comprar porciones evaluadas en pesos. Es poe ello que, ante el crecimiento demográfico de Bayamo, muchos adquieren por determinada cantidad de pesos partes en las haciendas de la comarca norte, o sea, en el Holguín actual.
Surge entonces la necesidad de recensar o empadronar a los habitantes de ese poblado inicial, que desde los orígenes había sido colocado bajo la advocación de San Isidoro y de la Virgen del Rosario. Para ello, el Cabildo bayamés decide asignar a un funcionario la misión de establecer el censo o Padrón de casas y familias de este pueblo de San Isidoro de Holguín (febrero de 1735) que es el título original. El funcionario a cargo de esa tarea anota, casa por casa, quienes las viven y la edad de cada habitante. En general, aparece el pater familias, su esposa, los hijos que viven bajo el mismo techo, los parientes y esclavos.
Sucede que muchos de los que se han interesado en los orígenes de Holguín, muchos en pos de sus propios ancestros, han consultado este primer censo o padrón, de carácter excepcional, por cuanto sabemos que en Cuba escasean los materiales del siglo XVIII y que la imprenta llegó muy a finales de aquel siglo. Sin embargo, la dificultad para todo el que consultaba el censo o padrón era identificar realmente a cada personaje mencionado, ya que el funcionario ofrece sólo el primer apellido y, en ocasiones, se equivoca en la grafía de éste, en la edad o no déjà claro el vínculo de parentesco con otros mencionados. Fue por ello que, consultando los libros parroquiales, los protocolos y el manuscrito de familias holguineras que escribió Diego de Ávila Delmonte hacia 1860 fue que decidí corregir, ampliar, comentar e identificar a cada uno de los personajes que aparecen en este documento. De un censo de unas 15 páginas, cuyo original atesora el Archivo de Indias de Sevilla, ha salido un libro de 280. Quienes descienden de los apellidos Almaguer, de Ávila, Batista, del Corral, de la Cruz, Escalona, Fonseca, González de Rivera, Hechavarría, Leyva, Paneque, Peña, Pupo o Ponce de León, de los Reyes, Ricardo, Rodríguez de Leitía, Serrano, de la Torre, Vázquez y Velázquez de Cuéllar, así como de los primeros Abreu, Aguilar, Aguilera Gómez, Argüello, Diéguez, Durán, Domínguez, Fernández, Fuentes, Guerrero, Hernández de Manzano, Legurde, Losada, Marrero, Meneses, Mora, Muñoz, Ochoa, Osorio, Parada, Paredes, Pérez de la Vega, Proenza, Reynaldos, Rojas, Sablón, Tejeda y Toledano, encontrarán en este libro a sus ancestros.

FJH: ¿Cómo pudiste desde París reunir todo el material de archivos para este trabajo?

WN : Llevo muchos años reuniendo información. En un artículo que publiqué hace algún tiempo en la revista francesa Siècle 21 cuento cómo, viviendo en La Habana, ciudad donde crecí y viví hasta mi salida de Cuba, me enviaban de vacaciones a la casa de mis abuelos paternos, en Banes, provincia actual de Holguín. Digamos que, entre los 10 y 16 años pasé todos los veranos en aquel pueblo del norte de Oriente. Para matar el aburrimiento empecé a hacer un árbol genealógico de ambas ramas, las de mis dos abuelos paternos, y a medida que iba avanzando me daba cuenta de que todos éramos parientes, por una u otra rama. Así, Banes, fundado hacia 1890, era un desgajamiento de los pueblos de Gibara y de Fray Benito, poblados a partir de 1820, y estos dos, lo eran ya de San Isidoro de Holguín, que a su vez, lo fue de Bayamo. A las familias fundadoras se iban añadiendo nuevos colonos: algunos que llegaban a través del puerto de Gibara (a partir de 1820) o desde Santo Domingo, Santiago, Baracoa, Bayamo y Puerto Príncipe, fundamentalmente. La genealogía permite ver el extraordinario movimiento humano y el tejido histórico social de la región y, a la larga, de todo el país. Es por eso que, básicamente, parte del material lo había sacado de aquellas primeras búsquedas cuando, adolescente, visité la parroquia de Santa Florentina del Retrete de Fray Benito, la catedral San Isidoro de Holguín, los archivos de San Fulgencio de Gibara y los Registros Civiles (para los tiempos posteriores a la guerra de 1895) de diferentes municipalidades de la zona.
Establecido ya en París abandoné esto durante cierto tiempo (todo el que se aficiona a la genealogía sabe que en las búsquedas hay momentos de frenesí, otros de investigación febril y, por último, periodos de completo abandono, según la disponibilidad de tiempo). Lo retomé a principios del 2000 y, poco a poco, gracias a una amiga que viaja constantemente entre París y Holguín, así como de un medio hermano que vive allá, empecé a reunir todo el material que me faltaba. Por otro lado, gasté muchísimas horas y bastante dinero llamando a los archiveros en Holguín y pagando, por supuesto, las informaciones que iban saliendo a la luz. Las búsquedas son engorrosas porque los libros están en mal estado, faltan páginas, la caligrafía de ciertos curas o notarios de la época a veces es difícil de entender, la tinta se borraba o se vuelve tan tenue que es difícil descifrar ciertos manuscritos.
Por último, apareció, como un arcángel, María Dolores Espino, economista y profesora universitaria en Miami, de orígenes holguineros por algunas de sus ramas, con quien comparto algunos ancestros, pero sobre todo, la misma pasión por estos temas. Gracias a ella, al rigor de su lectura, al hecho de que sabe sacar cuentas mejor que yo (cosa importante en el tema de las edades de los empadronados y en calcular quién puede o no ser hijo o nieto de quién), pudimos poner orden a todo este caudal de información. De hecho es coautora de este libro.

FJH: ¿Se tiene noticias en Cuba de esta publicación?

WN: Ni idea. El libro lo presentamos ante un grupo de apasionados del tema hace un mes en Miami. Allí hay un Club de Genealogía Cubana muy activo y que recientemente ha hecho un valioso trabajo de digitalización y puesta en línea de la colección de Enrique Hurtado de Mendoza, genealogista cubano cuyos archivos compró la Univerdidad Internacional de la Florida (FIU). No sé si en Holguín se han enterado.

FJH: ¿Algún otro proyecto en este sentido?

WN: Tengo material como para tres libros más, siempre de genealogía e historia de familias del norte de Oriente entre los siglos XVI y XIX. Algo estamos preparando, pero se avanza lentamente. Es muy posible que el próximo sea un poco en el estilo de Historia de familias cubanas, voluminosa obra en 9 tomos que realizó el conde de Jaruco, Francisco Xavier de Santa cruz y Mallén, o sea, un estudio de unos 30 apellidos fundadores a lo largo de tres siglos, digamos desde el siglo XVII hasta finales del XIX. Por el momento, dos semanas de trabajo, han permitido organizar la mitad del apellido de la Cruz. Eso significa que la información la tenemos, pero ordenarla y presentarla en forma de libro es otro tema.


París, noviembre de 2015.

29/9/15

Las casas de la United Fruit Company, en Banes, Cuba

Las viviendas del reparto de la United Fruit Company, en Banes, Oriente, poseen la tipología arquitectónica que aplicaban a los barrios donde residían sus empleados, las compañías norteamericanas en el Caribe. Las casas solían construirse sobre pilotes, algunas con amplio portal protegido por mallas o telametálicas, techos de zinc y jardines "a la americana".
De ese Banes que dejó de existir con la nacionalización de la UFC° tras la revolución de 1959 quedan todavía importantes ejemplos de viviendas que, aunque en mal estado, nos permiten tener una idea de la fisionomía del barrio.

Las fotografías y los textos que siguen a continuación son obra de Liduvino Quiñones Ruiz, quien nos envía este trabajo desde Banes.

Casa 1: Casa del Dr. Víctor Pupo Silva y su esposa Casilda Vecino Pérez, en la calle de Los Ángeles. Víctor fue médico de la United Fruit Company (UFC°) en Banes.

Casa del Dr. Víctor Pupo Silva
Vista lateral de la casa del Dr. Víctor Pupo Silva
Casa 2: Casa en la calle de Los Ángeles, esquina a calle Cuartel. Es una de las variantes de las casas de mampostería con cubierta de hormigón. El garaje lateral es un añadido y la cerca fue modificada.

Casa en la calle de Los Ángeles, esquina Cuartel
Casa 3: Casa de Marcelino Díaz Font, en la calle Mulas, cerca de la antigua División Central de la UFC° en Banes. Esta tipología de casa fue la que se utilizó para reponer la de estructuras de madera. Fueron fabricadas con bloques de hormigón y ladrillos de primera calidad, por lo cual aunque la encubierta es de mampostería no tienen cerramento, solo alquitrabes encima de los huecos de las ventanas. Marcelino Díaz Font fue jefe del Cuerpo de Guardias Jurados de la UFC°.

Casa de Marcelino Díaz Font
Casa 4: Casa de Argelio Santiesteban, calle Palma, entre Hospital y Faro. La cerca perimetral ha sido modificada. Argelio trabajó como laboratorista en el hospital de la UFC°

Casa de Argelio Santiesteban, barrio de la United Fruit Company, Banes, Oriente
Casa 5: Casa de Luis Núñez y Olga Feria con modificaciones en la verja y en la cerca perimetral. Conserva los setos de casuarina de la entrada.

Casa de Luis Núñez y Olga Feria, United Fruit Company, Banes, Oriente, Cuba


Casa 6: Casa de Alejandro García Gutiérrez, ubicada en la calle Iglesia, al fondo de la iglesia Los Amigos, en el lugar en el que estuvo el antiguo colegio de Los Amigos. La fabricó la UFC° para alojar al cirujano Alejandro García Gutiérrez quien después trabajó en el Hospital Universitario Calixto García, en La Habana. Luego vivieron en ella Carlín Soto e Isabelita Ramos quien trajo la enredadera que la cubre de un vivero en el que trabajaba.

Casa de Alejandro García Gutiérrez, en la calle Iglesia,
United Fruit Company, Banes, Oriente, Cuba
Casa 7: Casa de madera sobre pilotes que mantiene su estructura original. Sita en la calle Cuartel entre Mulas y Los Ángeles.

Casa de madera sobre pilotes
Casa 8:  Casa de Loló Tarragó, en la Calle Segunda del barrio de La Güira, un reparto construido por los norteamericanos en 1928 para alojar allí a las familias emigrantes de las colonias inglesas del Caribe que venían a trabajar en la UFC°. Lo llamaron Pueblo Nuevo, pero nadie lo conoce por ese nombre sino por el de La Güira. Loló Tarragó era talabartero y trabajaba en el departamento de Ganadería de la UFC°. Vivió allí desde 1930 y ahora ocupa la vivienda su hijo Abel Tarragó.

Casa de Loló Tarragó, calle Segunda, en La Güira, Banes, Oriente, Cuba
Casa 9: Casa del Dr. Ruiz Ariza, situada en la calle Palma, detrás del antiguo hospital de la UFC°. Ruiz Ariza fue el primer director de dicho hospital.

Casa del Dr. Ruiz Ariza, en la calle Palma, detrás del Hospital de la
United Fruit Company, Banes, Oriente, Cuba
Casa 10: Casa de Pichica y Varona, en la calle Palma, esquina a Faro, detrás del Hospital de la UFC°. Conserva la tipología. Pichacay trabajaba en las oficinas del hospital de la United Fruit Company.

Casa de Pichica y Varona, United Fruit Company, Banes, Oriente, Cuba
Casa 11: Casa de Enrique Marchecho, en la calle Tráfico, frente a los terrenos deportivos del Barrio Amarillo. Aquí reside Yurisay Pérez Nakao, descendiente de Enrique e historiadora local:

Casa de Enrique Marcheco, United Fruit Company, Banes, Oriente, Cuba
Casa 12: Casa de Fillo Sanz, al lado de la Enrique Marchecho:

Casa de Fillo Sanz, United Fruit Company, Banes, Oriente, Cuba
Casa 13: Casa de Julián Silva Silva, en la calle Coco, entre Tráfico y Corojo. Julián era tornero mayor del Taller de Locomotoras de la UFC°. Luego vivió allí su hijo Amado y ahora la vive su nieto Aldo.

Casa de Julián Silva Silva, United Fruit Company, Banes, Oriente, Cuba.

20/9/15

Revista Portada / Banes / Año 1, N° 14, 28 de junio de 1953

Imágenes enviadas por Liduvino Quiñones Ruiz.

Un nuevo (viejo) número de la revista Portada, fundada en Banes, Oriente, Cuba, por Rolando Gómez de Cárdenas. En este número encontrarán un artícilo sobre "Cuando Maceo estuvo en Bijarú", una viñeta sobre la casa de Ignacio Rojas, en Banes, y un recordatorio de la medalla impuesta a la educadora Dolores Puertas Torralba, por el Club Banes.


22/6/15

El Club Banes, fundado en 1916 / Oriente, Cuba

Un artículo de Rolando Gómez de Cárdenas en la revista Portada (14 de mayo de 1952, N. 8, Año 1) sobre el Club Banes, sociedad de recreo, cultura y deporte, fundada en Banes en 1916. Gracias a Liduvino Quiñones Ruiz por enviarlo.
Lo he transcrito y a continuación escaneado las páginas en cuestión:

El Club Banes y su labor social
Por Rolando Gómez de Cárdenas

El 16 de diciembre de 1916 se reunieron en el Salón de Sesiones del Ayuntamiento, diversas personalidades de la disuelta sociedad Unión, señores Liduvino Quiñones, Ernesto Dumois, Vicente Herrero, Juan Roca, Sergio Shelton, José Álvarez Fuentes, Manuel Riverón, Juan Valdés, Baldomero González, Arturo Suárez, Enrique Domínguez, Manuel Sánchez, Manuel Nieto, Pedro Cabrera, Avelino Pérez, Vicente C. Face y Carlos de la Torre, que actuó de Secretario constituyendo una Sociedad de Instrucción, Recreo y Sport a la que se denominó ‘‘Club Banes’’.
No es hasta el día 20 de enero de 1918, en que se celebran las elecciones, resultando electa la Directiva siguiente: Presidente, Ernesto Dumois; Vice, Delfín Campañá; Secretario, Carlos de la Torre; Tesorero, Arturo Suárez; Bibliotecario, Pedro Cabrera. Vocales: Dr. José Álvarez Fuentes, Enrique Domínguez, Manuel D. Sánchez del Pino y Augusto Blanca.
En el mes de marzo de 1918 ya tenía 47 socios. El 2 de abril del mismo año se dieron de alta 20 socios más y a fines de dicho mes ya tenía 186 socios, y en junio del propio año 178. (Actualmente tiene 362 socios). Ello demuestra de por sí solo, el auge extraordinario que iba adquiriendo la naciente sociedad cubana.
La inauguración de su local calle A número 16 (hoy Avenida Martí) se llevó a efecto el 20 de abril de 1918 con un regio baile descrito después en un elegante ‘‘Souvenir’’ impreso por los señores Antonio Pérez Infante y Abelardo Campañá.
Se vivía entonces en Banes, una época de gran unión en la familia banense. El dolor de uno, era el de todos y a la alegría contagiosa cuando alguien se sentía feliz y se trataba siempre de que la paz y la concordia reinara en todos. Los que el día antes, desde bandos opuestos de la política, que entonces existía en solo dos partidos: el Liberal y el Conservador, se apasionaban por el triunfo de sus parciales, al otro día celebraban juntos el cumpleaños o el santo de un familiar o iban cabizbajos acompañando el cadáver de un amigo común.
El día 5 de junio de 1918 se hizo una colecta entre los Directivos que alcanzó a sesenta pesos, que fueron entregados a la viuda del fallecido veterano José R. Riverón (Chalo).
De aquella época de defensa de los valores de la moral y de la familia, del orden, disciplina y respeto, hay constancia, cuando en la sesión del 9 de diciembre de 1918, se acuerda amonestar al conserje por presentarse en horas de paseo en mangas de camisa en los portales del Club, o cuando el 8 de junio de 1921 ‘‘se acuerda prohibir toda pieza que sea rumba o contenga partes de rumbas en bailes y asaltos’’, y cuando el 11 de abril la Directiva acuerda ‘‘estimar falta a un socio por estar fumando en el salón y rogarle que en lo sucesivo no cometa faltas de esta índole’’.
En la Junta General de 5 de enero de 1919, se dio lectura a la Memoria Anual de la que aparece que el costo del edificio era de diez y seis mil quinientos pesos y que ‘‘se habían efectuado fiestas bailables el 20 de mayo, 4 de julio, 10 de octubre y 31 de diciembre sin contar las que socios han dado con carácter particular’’.
De aquella época romántica, de ese Banes de ayer ¡cómo recordarán los jóvenes de la época cuando a pesar de las calles llenas de fango o de polvo, eran más felices, no importa que en 23 de febrero de 1922 en una sesión extraordinaria se acordara a autorizar al Sr. Manuel Ruano para que colocara en la parte de adentro un sillón de limpiabotas!
En diciembre de 1924, se llevó a efecto la reforma del techo que stuvo a cargo de Gerardo Navarrete y que 16 años más tarde sería la admiración de unos ingenieros habaneros que se asombraron que dicho techo no había cedido ni un cuarto de pulgada, en una increíble, pero perfecta obra de carpintería.
Si había más dinero, si existía más entusiasmo, si la juventud de aquella época era más divertida, no podemos hacer un parangón, pero sí es notable que en una sesión de la Directiva, se dio lectura al estado remitido por la señora Carmen Ruiz de Campañá, del resultado del baile del 20 de diciembre de 1924, quedando a beneficio del Club la cantidad de $924 pesos con 8 centavos, marca que es probable que en mucho tiempo no se lograra alcanzar.
Presidiento la República el General Batista, y el Club el estimado y activo joven Fernando Vecino Pérez, se otuvo 10 mil pesos, que con 6 mil pesos que tenía el Club en fondos y 17 mil tomados en hipoteca, se llevó a efecto la reedificación que alcanzó un total de 33 mil pesos, de cuyo préstamo solo se debe una pequeña cantidad, lográndose hermosear notablemente el edificio que hace sea un orgullos de los banenses y una prueba de que estamos preparados para grandes empresas, pese a la opinión contraria de los pusilánimes y agoreros.
El Club ha efectuado grandes festivales, innúmeros actos culturales y deportivos y con una propiedad cuyo valor sobrepasa los 60 mil pesos, proclama a todos los vientos que los actuales hombres que dirigen sus destinos, son dignos herederos de aquellos que se reunieron en un frío mes de 1916 para acometer una empresa digna, noble y levantada en pro de la cultura local en sus distintas manifestaciones.

El Club Banes, en Banes, Oriente


Presidentes que ha tenido el CLUB BANES
1918 : Ernesto Dumois Duthil
1919 : Delfín Campañá Pupo
1920 : Augusto Blanca Bacallao
1921 : Enrique Domínguez Dumois
1922 : Juan Campañá Pupo
1923 : Delfín Campañá Pupo
1924 : Delfín Campañá Pupo
1925 : Liduvino Quiñones González
1927 : Sebastián Pérez Paz
1928 : Isaac Herrero Tabares
1929 : Armando Peña Bajuelo
1930 : Hipólito Rojas Ávila
1931 : Dr. Miguel A. Mas Panadero
1932 : Dr. Juan V. Cárdenas Pupo
1933 : Dr. Rafael Portuondo del Pino
1934 : Dr. Enrique Prada Lores
1935 : Dr. Miguel A. Mas Paradero
1936 : Dr. Miguel A. Mas Paradero
1937 : Dr. Miguel A. Mas Paradero
1938 : Miguel A. Moner González
1939 : Dr. Miguel A. Mas Paradero
1940 : Dr. Enrique Prada Lores
1941 : Ceferino Ramírez R.
1942 : Octavio Silva Quiñones
1943 : Fernando Vecino Pérez
1944 : Fernando Vecino Pérez
1945 : Fernando Vecino Pérez
1946 : Héctor Callejas Ulloa
1947 : Ernesto Puig Hidalgo
1948 : Pedro Almaguer Rodríguez
1949 : Dr. Víctor Amat Osorio
1950 : Dr. Antonio Domínguez Pupo
1951 : Ramón Feria Hidalgo
1952 : Pedro Almaguer Rodríguez
1953 : Félix Martínez Burgos


El actual Presidente del Club
Félix Martínez Burgos, cuya foto prestigia nuestras páginas, es el Presidente del Club Banes. En su juventud no muy lejana tuvo fama de su elegancia en el vestir, entre los jóvenes de su época y fue también un magnífico jugador de pelota.
Triunfador en los negocios, es dueño del confortable y acreditado Hotel España y consorcio de Almacén y Víveres que gira bajo la razón social de Almaguer y Martínez, en esa plaza.
Masón distinguido , ex Venerable Maestro de las Respetables Logias ‘’Pi y Margall’’ e ‘’Hijos de Oriente’’ de bNaes, siendo uno de los que por iniciativa y laboriosidad logró la construcción del Taller de esta última; miembro destacado del leonismo banense y ‘’cluoman’’ que sobresale por su actividad y don de gentes, ha sabido imprimir a la Sociedad que preside, la impronta de su afán por la cultura, haciendo que por su celo y dinamismo, dicha sociedad se destaque en la celebración de sus actos que la honran y distinguen.
Está enfrascado en la adquisición de unos terrenos para construir un Club para los socios del Club Banes en la hermosa playa de Ba…

Tenemos la seguridad de que ha de triunfar en su empeño por las altas virtudes que le adornan.




21/4/15

Revista Portada / Banes /Año 1, N° 13, 21 de junio de 1953

por Liduvino Quiñones Ruiz

En este número, dos semblanzas: de José Martí y del general Remigio Marrero Alvarez. También un reportaje de la Fiesta del Trabajo en Banes y un cuento de Arístides Ochoa.