12/7/26

Entrevista a la arquitecta Clara Caballero - por William Navarrete

Entrevisto en Madrid a la arquitecta hispanocubana Clara Caballero, bisnieta de Juan Gualberto Gómez.

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"El gobierno castrista ha borrado o cambiado la historia. Restituir la verdad es importante"

(El escritor William Navarrete entrevista a la arquitecta Clara Caballero Caraballo)

A Clara Caballero no me la presentó nadie, asistió por invitación de un entrevistado a la presentación en noviembre de 2025, en Madrid, del primer tomo de Como el ave fénix. 50 entrevistas de Cuba en exilio, que compiló para este medio las primeras cincuenta entregas de esta serie.

Luego, como sucede casi siempre en el ámbito del exilio cubano, nos dimos cuenta de que conocíamos a muchas personas en común y continuamos frecuentándonos hasta que nos encontramos recientemente, y al margen de la Feria del Libro de Madrid, en el restaurante de comida cubana Borax, sito en la calle Pelayo del barrio de Chueca. Allí, y luego en la terraza de la azotea del mercado San Antón, me contó a grandes rasgos aspectos relevantes de sus orígenes y de su vida, tanto en Cuba como en España.

Clara desciende del ilustre patriota cubano Juan Gualberto Gómez, una personalidad pública que sus contemporáneos llamaron “El gran ciudadano”. Fue uno de los principales líderes independentistas cubanos junto a José Martí, Máximo Gómez, Antonio Maceo y Guillermo Moncada. Juan Gualberto, por su relevante labor durante la redacción de la Carta Magna, su incansable defensa de por los derechos de la población negra, su firme postura antianexionista y sus aportes cívicos durante las tres primeras décadas de la República, fue condecorado por Gerardo Machado con la orden Carlos Manuel de Céspedes en el grado de Gran Cruz de Oro.

Pero como mismo Clara apuntó durante nuestra conversación, son muchos los jóvenes cubanos de hoy día apenas saben de él más allá de que fue amigo de Martí. Las generaciones de las décadas de castrismo han creído que el régimen eliminó el racismo en Cuba y que los barbudos le dieron todo a los negros. La propaganda y la reescritura de la Historia han anulado la existencia de élites negras integradas por prestigiosos veteranos de guerra, políticos, intelectuales del mundo académico y cultural, así como profesionales de diferentes ámbitos, que tenían sus sociedades y clubes como el Club de Atenas y que eran parte de la clase media cubana con holgados recursos económicos.

Mejor que sea esta cubana que ha vivido casi cuatro décadas en la capital española quien nos lo cuente de primera mano.

 Clara Caballero y William Navarrete, Madrid junio 2026

Ya sé que la genealogía correspondiente a tus orígenes en Cuba promete ser complicada. Empecemos entonces por el lado materno para ponerle orden al desorden, como decía nuestro amigo, el pintor también exiliado en Madrid Waldo Díaz-Balart…

Mi madre, Encarnación Caraballo Jiménez, nació en 1933 el seno de una familia mestiza cienfueguera. Su padre, Dimas Caraballo Marrero, era nieto de Margarita, una negra esclava de la casa Caraballo y de un campesino blanco llamado Alejo Althares, por lo que su padre Gregorio Caraballo tuvo que llevar el apellido de la casa esclavista y no el Althares genético.

Mi abuela materna, Ángela Jiménez Palma, también cienfueguera, era nieta por los dos linajes de mestizas criollas casadas con descendientes de españoles. A su padre, Enrique Jiménez, le conocí bien porque vivió hasta 1968 y falleció en un asilo de la Calzada del Cerro. Era un hombre alto, rubio y de ojos claros. Mis abuelos Ángela y Dimas emigraron a La Habana con sus cuatro hijos (la pequeña era mi madre), y ya en capital nació su último hijo, en 1941. En una carretilla mi abuelo ejercía el oficio de cerrajero en el mercado de Cuatro Caminos hasta que montó su propia cerrajería en la curva pronunciada de la calzada de Diez de Octubre cerca de la esquina de Tejas. La casa familiar se encontraba en Santos Suárez. Mi abuelo Dimas era muy católico y practicante, fiel de la iglesia de Reina, y dirigía un Club juvenil de recreo y de catequesis para matrimonios en la calle San Nicolás, en el barrio chino de La Habana. En la segunda planta de este mismo centro tenía su vivienda. Por el linaje materno de los Caraballo Jiménez, la familia que había progresado y vivía de la cerrajería. Al triunfo de la revolución dos de sus hijos se fueron para Nueva York, y cuando el gobierno castrista le confiscó y cerró todo abandonó el país con mi abuela en 1963.

Mi madre también quiso partir al exilio, pero no pudo hacerlo porque tenía tres hijos de 8, 9 y 10 años, y el padre de éstos estaba en México. Para sacar a los menores del país se requería la autorización del progenitor, y mi padre no la autorizó.

De Nueva York mis abuelos maternos pasaron a Miami y allí, en la calle Ocho de La Pequeña Habana abrieron la cerrajería Caraballo Locksmith que aún existe y está en manos de un primo. Mi tío Joseíto, el hijo menor de mis abuelos maternos, también cerrajero, emigró en 1970 a Miami y montó con esposa la cerrajería Althares, apellido que siempre reivindicaba mi abuelo Dimas en evocación al apellido de su padre biológico.

Aunque mi padre estaba en México, teníamos apoyo material y económico de la familia paterna (Caballero Edreira), pues tanto las dos hermanas de mi padre, Clara y Angelina, profesionales de la educación que vivían en Nueva York y Chicago respectivamente, llamaban por teléfono a menudo y a me escribían muchísimas cartas por lo que desde niña mantuve una comunicación epistolar con la segunda de ellas. Apoyaban a mi madre enviando varias veces al año tres grandes cajas con todo lo que comenzaba a escasear en Cuba (sábanas, ropa, zapatos, telas, lápices, bolígrafos, cuadernos, objetos y enseres domésticos) y mis abuelos paternos, por su parte, proveían el sustento económico. Mi madre recibió mucha ayuda familiar al quedarse al sola con tres hijos sin saber desenvolverse en el ámbito doméstico.

Aunque mis abuelos paternos tenían casa en la playa de Baracoa, a mi madre le gustaba que veraneáramos en la de Bacuranao, en forma de herradura, con paseos arbolados y muy bonita vegetación, con zonas rocosas, y menos peligrosa que Baracoa. El restaurante de grandes ventanales de cristal frente al mar era muy agradable.

Juan Gualberto reunido con miembros del gobierno de Alfredo Zayas, en Cuba

Pasemos ahora a la rama paterna, la de Juan Gualberto Gómez, para la cual vas a tener que hacerme un croquis para que no me pierda…

Mi padre, Octavio Caballero Edreira, nieto de Juan Gualberto, nació en 1927 en Mayarí cuando mi abuelo José Antonio era juez en ese pueblo. Su madre, Angelina Edreira Rodríguez, hija natural de Juan Gualberto, era profesora normalista y tenía la posibilidad de cambiar de destino y acompañarle en sus destinos.

Mi abuelo José Antonio Caballero Gaínza, nació en Trinidad en junio 1890, en la antigua casa situada donde el Padre Las Casas ofició la primera misa al fundarse la villa. Domingo, el padre de mi abuelo, era el hijo único de un adinerado español de porte distinguido. Su madre, era una cubana criolla típica de tez morena. En 1907, al fallecer su padre, se trasladó a la Habana, se hizo sastre, ganó dinero y entre 1910 y 1922 trabajó en distintas oficinas del Estado. En 1919 comenzó a preparar su ingreso en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana y obtuvo el título de bachiller en Letras y Ciencias. En 1923 se casó con mi abuela Angelina y en 1925 se graduó de doctor en Leyes en La Universidad de La Habana. Se presentó a las oposiciones para cubrir plaza en la carrera judicial y al ganarlas fue designado juez municipal en el distrito de Mayarí, donde desempeñó el cargo de 1927 a 1928. El abuelo “Ñico”, por ser negro, nunca pudo oficiar en La Habana quedando luego como juez del pueblo de Bauta. Era masón, afiliado al Club de los Rotarios de Bauta y a las actividades de la Asamblea Rotaria de Occidente como otras actividades de La Gran Logia de La Habana.

En la casa en que nació en Trinidad, vivieron siempre los descendientes de Caballero hasta que en la década del 2000 el gobierno priorizó el turismo y se la cambiaron por un apartamento en un edificio de microbrigradas para convertirla en un restaurante turístico.

Mi abuela Angelina Edreira Rodríguez fue la hija natural primogénita de los tres hijos de Juan Gualberto Gómez y de Angelita Rodríguez, y su novia cuando ejercía como modista de la juventud.

Dimas  Caraballo Marrero, abuelo de Clara, con Angela Jiménez, su esposa, Encarnación - madre de Clara, sus hermanas Rosario e Isaura y Antonio Caraballo, hace 1940 en La Habana

¿Puedes contarnos un poco de los primeros años de vida de Juan Gualberto de su numerosa y dispersa descendencia?

Se sabe que Juan Gualberto nació en Sabanilla del Encomendador, municipio que lleva su nombre, en la provincia de Matanzas. Hijo de Fermín Gómez, pardo claro (como se decía en la época) de nariz recta y ojos claros y de Serafina Ferrer parda clara (“lavada”, como se decía entonces), esclava en un ingenio de Alquízar y comprada para que se casara con Fermín. Ambos eran esclavos domésticos de Catalina Encinoso de Abreu y Gómez, propietaria del pequeño ingenio Vellocino, en el que nació libre Juan Gualberto por haber sido comprada su libertad desde el vientre materno. Posteriormente, sus padres compraron su propia libertad a un precio reducido y en 1864, cuando Juan Gualberto tenía 10 años, se trasladaron a La Habana para que el joven estudiara en la escuela de Los Desamparados, del notable maestro negro Antonio Medina Céspedes.

La Guerra de los Diez Años empezó a extenderse a Occidente y sus padres, para protegerle, lo envían a los 14 años a París a los famosos Talleres de los Hermanos Binder conocidos como los “Príncipes de la Carrocería”, para que aprendiera el arte de hacer carruajes. Al año siguiente, cuando sus padres le visitan acompañando a su antigua propietaria Catalina Gómez, les informan que Juan Gualberto era muy inteligente y que con lo que pagaban podían financiarle estudios superiores. Entonces lo matricularon en la Escuela Monge de París (construida en honor al prestigioso matemático, político y masón Gaspar Monge, creador de la geometría descriptiva), en donde se preparaban los futuros ingenieros y arquitectos de Francia.

Durante los tres años que estudió en la Monge, se relacionó con la colonia antillana de París y con muchos independentistas cubanos. Fue traductor y secretario de Francisco Vicente Aguilera, presidente de la República en Armas y del general Manuel de Quesada cuando llegaron a Francia para recabar fondos para la guerra de 1895. También vivió los acontecimientos de la Comuna de París. Su vínculo con Comité Revolucionario Cubano en Francia le permitió conocer y sensibilizarse con los temas relacionados con la política nacional, y el haber vivido el derrocamiento de una monarquía le fue de mucha utilidad al participar luego en la primera Constituyente cubana de 1902.

En 1874 sus padres no pudieron seguir pagando sus estudios, y en vez de regresar a Cuba decidió quedarse en París donde se hizo periodista, comenzando por crónicas teatrales hasta especializarse en las polémicas de la política francesa. En París conoció al músico cubano Brindis de Salas quien lo contrató como empresario para su gira por México donde se encontró a Nicolás Azcárate en el hotel en que se alojaron, un personaje que luego, en 1878, le presentó a José Martí, cuando ya todos estaban en Cuba de regreso, tras el Pacto del Zanjón.

Juan Gualberto y Martí compartieron experiencias políticas, ideológicas y culturales similares por sus vivencias europeas. Martí había pasado por París en los años en que Juan Gualberto vivió allí, y se había relacionado con el ambiente de cultura en que se desenvolvía Juan Gualberto para escribir sus crónicas, algo que favoreció la conexión entre ambos, por lo que rápidamente comienzan a conspirar contra el poder colonial hasta que caen presos.

De izq a derecha, Clara Caballero, José Antonio Caballero Gaínza, Angelina Edreira, Angelita Rodríguez y Marta Rojas de viaje a Miami en la década de 1950

Tengo entendido que tiene que salir muy pronto al exilio…

En efecto, aquellas conspiraciones culminaron con su detención y su deportación a la Península, en 1880. Nicolás Azcárate le recomendó que le escribiera al político y abolicionista Rafael María de Labra, quien, sin conocerlo, tramitó su traslado a Ceuta y posteriormente a la Península.

¿En qué momento conoce a tu bisabuela Angelina?

Durante los dos años de conspiración en La Habana, Juan Gualberto mantuvo un noviazgo y relación de complicidad política con mi bisabuela Angelita, modista habanera pupila de una costurera francesa. Al ser deportado a Ceuta dejó en Cuba a sus padres, a su novia y a Epifanía, su hija primogénita y fruto de una relación con Epifania Vegnier, a la que dedicó el bello poema de la Cana temprana. Luego, ya en Ceuta, tuvo a Vicente y Mercedes con la ceutí Asunción Haro. Y se unió a la viuda andaluza Manuela Benítez Mariscal que había perdido, además, a dos hijos a causa de la disentería quedándole de su matrimonio solo una niña. Con Manuela tuvo cuatro hijos, uno en Ceuta, otra en Madrid (Juan Eusebio y Juana) y luego de su regreso a La Habana en 1890, dos niñas más (Manuela María y Alejandrina).

José Antonio Caballero Gaínza, juez de Bauta y abajo su casa natal en Trinidad

¿De cuáles de los hijos de Juan Gualberto Gómez desciendes entonces?

Desciendo de Angelina Edreira Rodríguez, la primogénita de los tres hijos que tuvo con Angelita Rodríguez, su novia de la juventud en sus años de conspiración con Martí, a quien ya mencioné. Cuando él regresa a La Habana en 1890 se reencuentran. Para entonces, Angelita había heredado el taller de costura de su mentora francesa y durante el exilio de Juan Gualberto se había casado con el español Sebas Edreira, con quien había tenido cuatro hijos.

Mi bisabuela Angelita se había separado de Edreira, pero no divorciado porque el divorcio no existía entonces. Por ello mi abuela y los otros dos hijos tuvieron llevan el apellido Edreira. Instaurada la República, Juan Gualberto quiso reconocer a todos sus hijos y lo hizo con Epifanía y los de Ceuta, pero Angelita prefirió que todos sus hijos llevaran el mismo apellido. Los hijos que había tenido con Edreira quisieron a Juan como a un padre, e incluso Oscar le pasaba una mensualidad en los últimos años. La relación entre Juan Gualberto y Angelita (que no se debe confundir con su hija Angelina) era también de complicidad y responsabilidad sociopolítica. Cuenta la memoria familiar que Angelita aconsejó a Juan Gualberto para que se casara con su mujer gaditana, Manuela Benítez Mariscal, antes de levantarse en armas. Así lo hicieron justo tres días antes del levantamiento de Ibarra en 1895.

Mi bisabuela Angelita y sus padres conocieron a Martí. Lo cuenta Jorge Mañach en la biografía de Martí. El Apóstol en la que dice que como Martí “se valía de Juan Gualberto para mantener sus comunicaciones, alguna que otra noche de improviso y por razones de urgencia Martí acudía a la humilde casita en la que Juan Gualberto se encontraba visitando a su novia Ángela Rodríguez González, modista” Y Martí “es tan cariñoso y cortés en sus excusas que la familia se quedaba prendada de él y a la novia no le importaba que se llevara a su novio”. Y Sergio Aguirre, en su libro Un gran olvidado, Juan Gualberto Gómez, narra que Ángela Rodríguez fue la verdadera compañera de los últimos cuarenta años de su larga vida. Por ello, tras el advenimiento de la República, Ángela recibió el grado de teniente de la guerra, honor recibido por coser para los mambises durante la contienda.

Dimas Caraballo Marrero, abuelo de Clara, con su sobrino Antonio, en su cerrajería de Diez de Octubre y esquina de Tejas

¿Se hablaba de Juan Gualberto y de su obra en el seno de tu propia familia? ¿Influyó, por ejemplo, en los ideales de tu padre?

Siempre. Ya sabes que a Juan Gualberto lo llamaron “El gran ciudadano”, por su actitud cívica y sus ideas. Incluso siendo negro se opuso a la guerrita de 1912 conocida como “la guerrita de los negros”, porque no deseaba que un levantamiento debilitara a la República. Aclaro que estaba en contra de la guerrita, pero que denunció la matanza que hubo durante ésta.

Mi abuela Angelina contaba que, al fallecer Juan Gualberto en 1933, todos sus hijos y descendientes se reunieron en el funeral. Veinte años después, en 1953, el gobernador de la ciudad de La Habana, Rafael Guas Inclán, recibió a mi abuela quien le dijo estas tristes palabras: “Gobernador, la República de fiesta un 24 de febrero y los restos de mi padre, de Juan Gualberto Gómez, están acogidos al respeto de una archicofradía religiosa que los guarda en una tumba”. Esas palabras, según el propio Guas Inclán, fueron un latigazo a su conciencia patriótica y esa misma tarde se dirigió a la Asamblea de alcaldes para que se votara un crédito para que los restos del patriota tuvieran un sitio digno de memoria. Fue así como, al año siguiente, 20 años después de fallecido, se le rindió honor por primera vez en el centenario de su natalicio. Esa es la razón de las caras sonrientes y llenas de alegría que se ven en las fotos de la inauguración de su tumba en el cementerio Colón de La Habana.

A mi padre, Octavio Antonio Caballero Edreira, nieto de Juan Gualberto, lo conocí cuando yo tenía 24 años. Por razones políticas había escapado de Cuba en una lancha con dos cubanos más en 1955, pues eran comunistas de la vieja guardia, de los que realmente militaron en ese Partido antes de que Fidel Castro diera el giro inesperado después de 1959. Solo llegaron dos a las islas Vírgenes y, mi padre se fue luego a México, donde obtuvo la nacionalidad mexicana que mantuvo el resto de su vida.

Nunca más volvió a vivir en Cuba, y solo fue de visita por un tiempo limitado en 1978 y un par de veces más en los primeros años de la década de 1980. Cuando salió de Cuba en 1955, dejó cinco hijos con tres mujeres de los cuales tres fueron con mi madre. Con su primera esposa mexicana tuvo un hijo y con su segunda esposa, también mexicana y hoy su viuda, una hija. Mi padre conoció a los futuros barbudos en México cuando organizaban el movimiento 26 de julio y preparaban el desembarco del Granma. Los rumores familiares cuentan que polemizaron por cuestiones de los bonos del 26 de julio y también tuvo un fuerte desacuerdo, especialmente con Carlos Rafael Rodríguez, razón por la que nunca regresó a la Isla después del triunfo de 1959.

Mi padre, siguió siendo comunista toda su vida. De México emigró como veterinario a España en la década de 1970. En esos años, la ganadería española estaba más atrasada que la mexicana y vio un mercado favorable para el pienso que fabricaba. Se convirtió en mexicano no solo por sus papeles, sino por su pensamiento, acento y proyección, y mantenía su discurso teórico cubano encapsulado en los años de su juventud. Fue en Madrid en donde creó, junto a Rosendo Canto, aquellas famosas brigadas llamadas “Los Maceítos” con las que se pretendió crear un puente entre los que salieron de Cuba muy pequeños y quienes se habían quedado en la Isla.

Así fue como mi padre llegó a La Habana, tras 25 años de ausencia, en 1978. Recuerda que, a los verdaderos comunistas de antes de 1959, como César y Aníbal Escalante, entre otros, Fidel Castro los acusó en 1966-68 de formar una “microfracción” dentro del Partido Comunista, juzgándolos y encarcelándolos. Entre las víctimas de esta represión anticomunista estuvo mi tío José Antonio Caballero, hermano de mi padre, quien cumplió 20 años de cárcel y estando encarcelado penetraron en su casa en la calle Sol esquina Cuba y se llevaron todos los documentos, cartas y fotos familiares en la búsqueda de materiales incriminatorios.

Angelina Edreira, en 1954 camino de la inauguración del mausoleo de Juan Gualberto, su padre, en el cementerio Colón

¿En dónde vivías en Cuba? ¿Qué recuerdos tienes de la infancia y de tu primera escolaridad?

Nací en 1954 en una casa a orillas del mar, en la playa de Baracoa, al oeste de La Habana. Era la casa de recreo de mis abuelos paternos Angelina y José Antonio Caballero, juez de Bauta, como ya dije. Pero donde realmente pasé mi infancia fue en Santos Suárez, sobre todo en la casa de la calle Santa Emilia 216, cuyo terreno habían comprado Juan Gualberto Gómez y Angelita Rodríguez para su hija Angelina en 1927 cuando estaban en Mayarí. Juan le escribió una carta para comunicarle que su madre ya había liquidado el terreno a su nombre (conservo copia de esa carta). Esta casa fue confiscada por el gobierno castrista cuando mi abuela se fue a vivir a México en 1968. Al solicitar la salida, inventariaron todo lo que había dentro. La casa se la dieron a una familia negra, muy numerosa, y que no tenía nada que ver con la nuestra. Lo primero que hicieron fue sacar todos los libros de la casa y tirarlos a la calle.

Yo vivía entre esa casa y la de mi otra abuela materna en San Benigno, donde residía mi madre. Recuerdo que un buen día, regresando del cine con unas amigas, me encontré la puerta de la casa sellada. Los vecinos me dijeron donde se encontraba mi abuela. Como solo tenía 14 años y mi madre vivía en la casa de mi otra abuela, no pudimos heredarla. La ley revolucionaria solo permitía tener una sola vivienda en la ciudad. A la salida del colegio iba con un amigo a recoger libros que tiraron frente a la casa y salvé Por Cuba Libre, de Juan Gualberto Gómez, así como Juan Gualberto Gómez, paladín de la independencia y la libertad de Cuba, de Emilio Roig de Leuchesenring, el primer ejemplar salido de imprenta que Roig había dedicado a mi abuela Angelina.

La Habana en los años 1960, aunque se desmoronaba, era diferente. Por las noches se dejaban los pomos de cristal de litro y medio litro de leche vacíos en la ventana que daba al portal y por la mañana el lechero dejaba los llenos. También pasaba el camión con botellones de agua mineral, el de la tintorería, el limpiabotas recogiendo los zapatos los viernes y entregándolos los sábados. También recuerdo que en las bodegas las compras se anotaban y se pagaban con cheques a fin de mes.

En cuanto a mi escolaridad, comencé en un colegio privado llamado León, que rápidamente confiscaron después de 1961 y pasé a otro frente al parque de Santos Suárez, que se llamaba Raúl Gómez Delgado. De estos dos colegios de preprimaria y primaria recuerdo las fiestas de disfraces y el feo uniforme gris y lo conveniente que era para aprobar los exámenes de Historia, escribir al final: “Gracias a la ayuda desinteresada de la Unión Soviética”. Las tareas durante la primaria me gustaban mucho. Hacíamos maquetas con plastilina y aprendía mucho con mi abuela, sobre todo Geografía e Historia. Ella me hablaba de la importancia de las fechas para ubicar y relacionar los acontecimientos. La Geografía me la enseñaba con las postales de sus viajes a Europa que me ponía a clasificar por países y a separarlas luego por ciudades y pegarlas después en álbumes.

La secundaria, también en el mismo barrio, se llamaba José María Heredia. Allí fui monitora de Matemáticas, Física y Química porque faltaban profesores. La primera mitad de la clase la trasmitían a todas las escuelas por la televisión, y luego los monitores impartíamos la segunda parte. Como los profesores nos tenían que dar los contenidos de las clases anticipadamente, los monitores pasábamos mucho tiempo en la escuela, pero sacábamos las mejores notas y a mí me venía muy bien, porque no tenía que estudiar esas asignaturas y podía leer más libros.

No me gustaba el período en que nos llevaban a trabajar en el campo. Me tocó sembrar caña por Camagüey, recoger tomates y cocer hojas de tabaco en Pinar del Río. Los desayunos eran horrorosos, la leche se quemaba y olía ahumada. Recuerdo que me hacían caricaturas leyendo y escuchando canciones con un radio portátil. Mi instituto de bachillerato (ya llamado preuniversitario) fue René Orestes O’Reine, en La Víbora. Lo que más recuerdo es que las chicas negras me decían “piola” por andar con chicas blancas. También cuando me eligieron para estrellita de carnaval, pero en la última ronda me hicieron una entrevista con preguntas sociopolíticas y no las superé. La pregunta más fácil era ¿en qué país de África se encontraba Fidel en ese momento de gira? Como no lo sabía, les comenté que África era más grande y con más países que Suramérica.

Mis aficiones eran los cines de ensayo, sobre todo el Rialto, con ciclos de películas de autores o temáticas, así como los conciertos de música clásica. Con mi abuelo paterno veía de niña todos los miércoles un programa de televisión que se llamaba Violines en la noche, y luego una tía que vivía en El Vedado empezó a llevarme a conciertos dominicales en el teatro Amadeo Roldán. Cuando se quemó esta sala los pasaron para la calle Infanta. Ya en esta época, después de los conciertos, me iba a la playa Santa María del Mar. Recibí también en ese entonces clases particulares de mecanografía.

¿Llegas a cursar estudios universitarios?

Sí, a trompicones, pues me expulsaron en dos ocasiones de la Universidad. Al terminar el preuniversitario de las tres opciones que se podían elegir (las dos primeras fueron carreras de letras) me otorgaron solo la tercera (arquitectura), a pesar de tener el escalafón que pedían. Pero mi expediente “ideológico” –con un padre en el extranjero y mis abuelos en Estados Unidos–, no me daba ese “derecho”, según los patrones revolucionarios del momento. Empecé Arquitectura en 1973.

Tres años después, en 1975, me expulsaron de la Universidad, por una sanción disciplinaria y me pusieron a disposición del Ministerio del Trabajo. Fue así como terminé de oficinista en el municipio del Cerro. Estuve trabajando allí hasta 1978 en que, dado que en el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, fui elegida “joven ejemplar” por mi trabajo y aproveché las cartas favorables de recomendación para retomar mis estudios de Arquitectura en la CUJAE (Ciudad Universitaria José Antonio Echevarría). Como los planes de estudio habían cambiado tuve que cursar asignaturas nuevas que habían incorporado: Topografía, Inglés y Preparación Militar, y otras de quinto año como Marxismo y Comunismo Científico que habían pasado al primero de la carrera. Pero en 1980 me volvieron a expulsar.

El libro de 1956 de Angelina Edreira, sobre su padre Juan Gualberto.

¿Y esta vez, por qué razones?

Me expulsaron por “diversionismo ideológico y por vestir ostentosamente y menospreciar a mis compañeros”, según lo escrito. Me relacionaba con estudiantes extranjeros y, además, uno de mis tíos, el cerrajero de Althares de Miami, había ido a buscarnos en lancha para llevarse a mi madre por el puente migratorio del Mariel. Mi madre quiso irse, pero su esposo no; y, además, ella criaba a su primer nieto y su padre no autorizaba que lo sacara del país. Yo tampoco quise irme porque quería terminar la carrera de Arquitectura. En fin, ni mi madre pudo irse ni yo pude seguir entonces mis estudios, pues me expulsaron de la universidad.

Pero me has dicho que finalmente pudiste graduarte de Arquitectura.

Sí. Intercedieron por mí ante Diocles Torralba para que éste me ayudara. Entonces era el ministro del Azúcar, y tenía otra visión de lo que estaba pasando en Cuba. Gracias a él me pusieron a trabajar en la biblioteca del Ministerio, y como no tenía la formación requerida me enviaron a estudiar Bibliotecología en horarios de trabajo en el Ministerio de Educación Superior. Al parecer fui muy buena bibliotecaria y me gradué de Técnico Medio Superior de Biblioteca a los dos años, pero en 1983 me recomendaron la titulación de licenciatura en Información Científico Técnica, que era como se le llamaba entonces. El día que fui a matricularla vi que no me gustaban las asignaturas, entonces me fui a mi casa y alteré la documentación cambiando el nombre de la carrera. Me presenté esa misma tarde en la oficina del decano de la Facultad de Arquitectura y expresé mi deseo de retomar mis estudios. Me aceptaron inmediatamente y, luego, Diocles dio la autorización final. Así retomé los estudios que desde 1973 habían quedado interrumpidos en dos ocasiones.

Clara Caballero en el Colegio León, escuela primaria, curso 1960-61

¿Llegaste a ejercer la arquitectura en Cuba antes de tu salida definitiva?

Sí. Gracias al arquitecto argentino Roberto Segre, quien había sido mi tutor, me vincularon para trabajar en el proyecto de Expo Cuba. En ese periodo me casé por poderes con un periodista español, padre de mi hija, estando yo en Cuba y él en España. Celebramos una fiesta de boda en La Habana estando ya casados, pero nadie me cuestionó cuándo habíamos firmado.

Existía un proyecto de construir viviendas en Nicaragua y yo hubiera querido participar. Era la razón por la que permanecía en la Isla a la espera de esta oportunidad. Al final resultó que el lugar era inhóspito y no dejaban ir a las mujeres.

¿Cómo y en qué circunstancias ocurre tu salida?

Fue en 1989, justo un poquito antes de la Causa 1 de ese año en que hicieron juicios estalinistas contra el general Arnaldo Ochoa y otros militares del régimen, y antes de que también cayera Diocles Torralba, amigo de Ochoa y quien era ya ministro del Transporte, y de alguna manera mi salvador.

Llevaba tiempo harta de todo aquello, con un sabor muy amargo del registro que hicieron en 1982 cuando desvalijaron mi estudio y me llevaron presa, caminando por las calles junto con otros presos hasta un sitio en que nos hicieron un juicio popular donde me acusaron de “escándalo público y tenencia de artículos de procedencia ilícita” (televisor, radio, ventiladores, todos a nombre de mi padre y de mi abuela materna). Se llevaron todos los casetes, bolsos, zapatos, perfumes. Le pedí a mi padre que me sacara del país, pero no sucedió nada. No aguantaba más las guardias, los trabajos voluntarios, las reuniones y la perorata del régimen. Por suerte, mi marido me aconsejó que mandara a Madrid todo lo que pudiera y fui enviando, poco a poco, cajas con libros, discos y hasta adornos, recuerdos familiares y obras de arte. Tuve que pedir la autorización y la “liberación” del cargo de arquitecta para poder instalarme en Madrid. Me otorgaron permiso de residencia en el exterior por reunificación familiar, y al año la nacionalidad española. Mi hija nació en Madrid.

Clara Caballero, trabajando en la década de 1980 en la biblioteca del ministerio del Azúcar

¿Tuviste oportunidad de retomar tu profesión en el exilio?

De cierta manera sí. En Expo Cuba trabajé en las dos fuentes del Pabellón Central y mi primer trabajo fuera lo realicé para GEOLINER SA, una empresa de unos amigos de mi padre que se dedicaba a la construcción de balsas para reutilización de las aguas residuales, que me permitió trabajar poco después en el proyecto CIUDAGUA de Cités Unies Développement (proyecto de políticas de gestión de abastecimiento de aguas y saneamiento de residuales), cuya oficina central se encontraba en París, me ayudó el hecho de que hablaba francés, gracias a mi abuela Angelina que era muy afrancesada y me había pedido que estudiara en la Alianza Francesa de La Habana, en la que ella había estudiado. Trabajé y viajé mucho con este proyecto relativo al desarrollo sostenible vinculado con el agua. Y me especialicé en cooperación internacional para el desarrollo.

Desarrollé y compatibilicé varios perfiles de trabajo. Comencé la docencia con las Universidades Populares impartiendo cursos de “Formación de formadores”. Como especialista en cooperación internacional he estado vinculada varios años a la Universidad Autónoma de Madrid en los cursos de postgrado de Cooperación Internacional al Desarrollo y también contratada por el Programa Migración y Multiculturalidad de la UAM, y a los másteres de Cooperación Internacional y al de Migraciones de la Universidad Pontificia de Comillas. He trabajado con diferentes organizaciones no gubernamentales españolas en el ámbito de acciones internacionales y publicaciones. También he realizado algunas restauraciones de viviendas privadas y disfruto mucho la docencia.

Clara Caballero en las obras de Expo Cuba, en La Habana

¿Regresaste alguna vez a Cuba?

Sí. Viajé a Cuba en varias ocasiones hasta la muerte de mi madre. La pobre, solo salió en viajes de visita a Estados Unidos y Europa, pero nunca alcanzó su sueño de irse de aquel país. Sobre todo, viendo como todos se iban todos, incluso aquel nieto que ella crio y por el que no pudo irse en 1980. En 1993, estando yo embarazada de ocho meses y viajando a Cuba por Cités Unis con una colega de Nantes para la identificación de tres proyectos de adjudicación de financiación, me percaté un poco de lo que era el llamado “Periodo Especial”. En 1994 el Ministerio de Exteriores convocó a la primera conferencia “La nación y la emigración” que coincidía con la visita a Cuba del Papa Juan Pablo II. A mi esposo le tocó cubrir la visita del papa para el programa Informe Semanal de RTVE y fuimos los tres. Luego, en 1995, también relacionado con mi trabajo con un empresario sevillano especializado en restauraciones, viajamos para reunirnos con Eusebio Leal, para la aplicación en la Habana Vieja de las técnicas desarrolladas por su empresa. Mi condición era que incluyeran la restauración de la casa en que Juan Gualberto Gómez había fundado el periódico La Fraternidad. Esta casa es hoy el Museo Juan Gualberto Gómez en La Habana. En otra ocasión fui a cuidar de mi madre y en 2021 cerré las puertas de Cuba tras el fallecimiento de ésta en La Habana.

¿Qué planes tienes ahora, en esta etapa de tu vida?

Actualmente continúo con alguna tutoría e investigaciones a las que me invitan. Trabajo en un análisis de Poesía y arquitectura, de Rilke a Le Corbusier, enfocando el análisis arquitectónico al libro de Le Corbusier El poema del ángulo recto.

Aunque considero prioritaria la cronología en que trabajo sobre mi bisabuelo Juan Gualberto Gómez, pues integra muchos nuevos trabajos de investigadores que viven en la isla, y contrasta, corrige y aporta nuevos datos sobre su vida, fundamentalmente de la época de su exilio en España, Ceuta y Francia que es lo menos conocido. La familia ha honrado a Juan Gualberto con la reedición del libro que mi abuela publicó en 1954 Vida y obra de Juan Gualberto Gómez, que compila las conferencias que ella impartió por toda Cuba, a profesores y alumnos de las Escuelas Normales. La última edición la hizo mi padre aquí en Madrid en 1984 por el 130 aniversario de su natalicio. En esa edición incluyó la copia del libro de Emilio Roig de Leuchsenring que fue tirado a la calle y que yo recogí como comenté antes.

He integrado materiales familiares, actualizado información desconocida sobre nuestra historia familia, así como estudios e investigaciones diversas. Sobre todo, porque me he dado cuenta de que ya los jóvenes cubanos no saben quién fue Juan Gualberto, y hay, incluso, quienes ni siquiera lo han oído mentar. Ya de mi generación vamos quedando pocos y, dentro de poco, nadie podrá contar nada de estas cosas ni dar luz a las trayectorias de vidas de familias negras cubanas antes de 1959. Juan Gualberto defendió el principio de cubanos blancos y negros, y se está destapando cierto racismo y polarización en muchos sitios del mundo, entre la gente, y de unos contra otros. ¡Y la Isla no es una excepción!

El gobierno castrista ha borrado o cambiado el relato de la Historia (con mayúsculas). Restituir la verdad es importante. En un país multirracial como Cuba considero un deber salvaguardar el legado de mis ancestros.

Madrid, junio de 2026.

14/11/25

Nuevo libro de genealogías en San Isidoro de Holguín y su región - William Navarrete

 


Acabo de publicar un nuevo libro sobre genealogías holguineras.

Como adquirirlo: (por Amazon desde cualquier lugar del mundo donde funcione Amazon).

En este enlace: 

Matrimonios y descendientes en San Isidoro de Holguin, William Navarrete, Ed. UnosOtros, Miami

Mejor no esperar mucho porque no hay muchos ejemplares disponibles.

Resumen:

Matrimonios y descendientes en San Isidoro de Holguín (1764-1784)
es la segunda entrega de la editorial sobre genealogía en esta región de la costa norte de la antigua provincia cubana de Oriente. Asentamiento original a partir de 1720 de unas pocas familias provenientes de Bayamo o refugiadas en esta villa después de la pérdida de la colonia de Jamaica, el relativo aislamiento del asentamiento, la carencia de puertos en el siglo XVIII y la existencia de un tipo de economía conocida como comunera, favoreció los vínculos consanguíneos entre sus habitantes. Los orígenes comunes de muchos de los holguineros de hoy es una evidencia que ha podido documentarse con trabajos como éste.

A partir de los matrimonios sacramentales asentados en el segundo libro y parte del tercero de la parroquial mayor de San Isidoro de Holguín, entre 1764 y 1784 (continuación del libro anterior que cubrió el periodo 1729-1763), William Navarrete con la ayuda de sus colaboradores, los genealogistas Manuel Alcalá Martínez y Manuel F. Díaz Álvarez, revela la descendencia de las parejas registradas, así como datos complementarios sobre cada persona. Los descendientes de las parejas casadas en este periodo también se encuentran en el libro.

Ante el deterioro de los libros originales y pudiendo trabajar con las copias digitalizadas de estos valiosos archivos, el autor se ha enfrascado durante las tres últimas décadas de su vida en París a entrelazar las familias del siglo XVIII holguinero en un afán de salvaguardar el patrimonio genealógico de la región.

 

13/3/25

Genealogías, archivos, registros, matrimonios, defunciones y bautizos en la provincia de Holguín, Oriente, Cuba

Los interesados en la búsqueda de sus ancestros pueden encontrar en este libro los datos sobre archivos, registros, matrimonios, bautizos y defunciones de muchos holguineros en los archivos parroquiales,

Hay mucha información sobre apellidos como: Ávila, Aldana, Almaguer, Ayala, Álvarez, Arias, Aguilar, Aguilera, Agudo, Berdecia, Bermúdez, Burgos, Barrera, Blanco, Batista, Borrero, Carralero, Cabrera, Calzadilla, del Castillo, de la Cruz, del Corral, Correas, Delgado, Díaz, Diéguez, Estrada, Escalona, Fonseca, Ferral, Ferrer, Gallardo, Góngora, Godales, González de Rivera, Guevara, Guzmán, Guillén, Guerrero, Hernández, Hechavarría, Hidalgo, Infante, Leyva, León, Montes, Márquez, Marrero, Moreno, Meneses, Muñoz, Nápoles, Osorio, Ocampo, Parra, Proenza, Prieto, Paneque, Parada, de la Peña, Pérez, Pupo, Reynaldos, Rosales, Ricardo, Rivas, Ramírez, Rodríguez, Rubio, Salazar, Suárez, de la Torre, Tamayo, Toledano, del Risco, Reyes, Rojas, Sánchez, Sarmiento, Serrano, Santiago, Tejeda, Valmaseda, Velázquez, Vega, Viamonte, Vázquez, Viamonte, Zaldívar, etc., etc...

Mas información: escribir a: billnavarro216@gmail.com

Publicado por la editorial UnosOtros, Miami. Encargos a través de:

Amazon USA: ver enlace

Amazon España: ver enlace

Amazon Francia: ver enlace



7/8/23

Mi viaje a Savannah (Georgia) con mi madre - El Nuevo Herald

 Hace apenas unas semanas estuve en la hermosa ciudad colonial de Savannah (Georgia) fundada en épocas de las Trece Colonias. Fue un viaje con mi madre y lo disfrutamos mucho, sobre todo porque la ciudad es muy hermosa y vale la pena visitarla. Pasamos momentos muy agradables, a pesar de que el calor en este periodo puede ser agobiante.

Les dejo lo que he escrito sobre el viaje en El Nuevo Herald:

Savannah, la ciudad colonial de Georgia / El Nuevo Herald / William Navarrete



Savannah, la ciudad colonial de Georgia

William Navarrete*

Nos fuimos unos días a Savannah, mi madre y yo, a conocer esta ciudad que data de la época en que las Trece Colonias americanas estaban en pleno auge. Hacía tiempo que habíamos oído hablar de sus encantos y era una visita pendiente. Viajamos tal vez en un mes poco apropiado, porque en julio el calor y la humedad pueden ser agobiantes. De modo que, tomamos las medidas necesarias para no deshidratarnos y no exponernos mucho al sol durante las horas en que pegaba más fuerte.

Cuando se llega a Savannah procedente de Miami uno tiene la impresión de cambiar completamente de dimensión. La ciudad tiene algo menos que 150 000 habitantes y su Centro Histórico puede recorrerse caminando sin dificultad. Lo mejor, por supuesto, sería alquilar una habitación en dicho Centro para recorrerlo a toda hora, sin peligro ni necesidad de recurrir a los servicios de transporte. Para aquellos que no les guste o que no puedan caminar existe una red de autobuses gratuitos, cuyas siglas son DOP, que atraviesa el casco histórico en dos direcciones: norte-sur y este-oeste. Las paradas están marcadas en los sitios de interés, de modo que uno puede bajarse, visitar y esperar el próximo DOP para continuar la visita.

Situada al este del Estado de Georgia, no lejos del océano y a orillas del río que le dio nombre, Savannah fue fundada en 1733 por el general James Edward Oglethorpe, al que acompañaban unos 120 pasajeros a bordo del navío escocés Anne. A estos pioneros se sumaron ese mismo año varias familias portuguesas y judías que huían de la Inquisición.

Se dice que Savannah es la primera ciudad planificada de Estados Unidos. Su plano, perfectamente reticulado, con amplias manzanas ritmadas por hermosos jardines (unos 22), así como por bulevares que las atraviesan, no desmienten esta condición. En manos de los ingleses hasta 1782, puede considerarse una de las ciudades más antiguas y mejor conservadas del país. Durante el siglo XIX su importancia fue decreciendo y, con la abolición de la esclavitud (más del 50% de la población es de origen afroamericano), se perdió la mano de obra que trabajaba en sus plantaciones e industrias. Sin embargo, hoy en día, su puerto es uno de los de mayor tráfico de todo el país e impresiona ver desde River Drive los enormes buques cargados de contenedores que transitan por el río. A pesar de ello, nada perturba la calma y el encanto, pues el puerto se encuentra alejado del centro.

Tiene Savannah una catedral católica (la de San Juan Bautista), erigida por los colonos franceses que tuvieron que huir en 1802 de los últimos embates de la Revolución en Haití. El cementerio colonial Bonaventura es otro de los puntos de interés, cuanto más que se dice que los fenómenos paranormales son frecuentes en la ciudad, y no son pocas las casas encantadas y los sitios en que los espíritus campean a sus anchas. De hecho, hay una gira nocturna para visitar los lugares en que han ocurrido sucesos relacionados con fantasmas.

Las plazas ajardinadas (squares) son numerosas (Madison, Lafayette, Columbia, Crawford, Franklin, Monterey, etc.), y todas tienen en el centro monumentos o hermosas fuentes, amén de arboles centenarios. El mayor parque es el Forsyth, con más de 30 acres, creado en 1851, y también el más imponente pues abarca varias manzanas. Abundan los cedros, las azaleas y otros hermosos árboles, y ocupa su centro una hermosa fuente de 1858. Lo rodean decenas de mansiones sureñas, muchas de estilo victoriano, otras en estilo Greek Revival y, al principio, la centenaria Armstrong Kessler, construida en 1919 por Henrik Wallin, en estilo neo-Renacimiento italiano.

Hay muchas casonas antiguas dignas de visitar que acogen museos y fundaciones. Una de ellas es la Mercer Williams House, en donde vivió uno de los personajes de la novela Midnight in the Garden of Good and Evil, de John Berendt, y la Davenport House, concebida en 1820 en estilo federal, casa perfectamente conservada con su mobiliario de época, de visita guiada obligatoria. También la Old Pink House, en Reynolds Square, una de las más antiguas, ocupada hoy en día por un lujoso restaurante. O la Juliette Gordon Low House, la mansión de la fundadora de las Girls Scouts norteamericanas, con visitas guiadas a través de los salones ambientados con los muebles y objetos de su propietaria.

En Chippewa Square se encuentra el Historic Savannah Theatre, del que se dice que es el más antiguo de Estados Unidos aún en funcionamiento (desde 1818), aunque fue remodelado en estilo art-Deco en 1948. Fue en este parque en que se filmó una de las escenas de la película Forrest Gump. De hecho, abundan los viejos cines y teatros de las décadas 1920-1950, como el Lucas Theater (1921) o el Trustees Theatre, que forma parte actualmente del célebre SCAD (el Savannah College of Art and Design). La mayoría de las tiendas y espacios comerciales se encuentran en la calle Savannah College of Art and Design, y entre los sitios de interés se encuentra la heladería Leopold’s, casa fundada en 1919, y la Marshall House, un hotel de 1851 que ha conservado la estructura y decoración originales.

Vale la pena tomar la gira en trolley que propone el Old Town Trolley Tours. Por unos $40 por persona si se compra in situ, se puede recorrer toda la parte antigua, subir y bajar tantas veces cuanto se desee. Se trata de trolleys abiertos, que imitan a los tranvías de otrora, de modo que resulta cómodo sacar fotos desde la cabina. Los conductores, muy amables, van explicando cada sitio de interés. El personal es tan atento y delicado que nosotros olvidamos un bolso con compras y, al día siguiente, nos los trajeron desde la oficina central de la compañía hasta el sitio en que habíamos comenzado nuestro tour.

Se dice que en Savannah está la calle más hermosa de Estados Unidos, la Jones Street. Se puede visitar la hermosa Telfear Academy, museo de bellas artes, frente a la plaza de ese nombre. El edificio data de 1819 y hay varias salas con obras de arte europeas y norteamericanas desde el siglo XIX. El Ayuntamiento es un elegante edificio que ocupa el lugar de la Bolsa, demolida en 1904. Y no lejos de allí, el City Market es una arteria peatonal en donde abundan los restaurantes, tiendas y otros comercios, entre los que se destaca la conocida fábrica de galleticas Byrd’s, fundada en 1924.

Una de las atracciones es tomar el crucero por el río Savannah cuyo recorrido permite ver desde la cubierta el antiguo fuerte Jackson (1808). Nosotros quedamos bastante decepcionados de la travesía porque no vimos gran cosa y porque el presentador no paró de hablar un solo minuto, ni de lanzar chistecitos que no daban gracia durante la hora de recorrido. De modo que no es imprescindible esta opción.

La comida es sureña, con todo lo que esto significa. A quienes les gusten los platos picantes, las frituras, el pollo empanizado y las ostras la pueden pasar muy bien. Lo único que lamentamos es haber descubierto cuando ya íbamos en taxi camino del aeropuerto la existencia de Rancho Alegre, un restaurante cubano que desde 1999, de padre a hijo, se ha convertido en una de las instituciones gastronómicas de esta inolvidable ciudad.

* Escritor francés, establecido en París


26/10/22

Ley Memoria Histórica o Democrática 2022 – Matrimonios con españoles – Cuba (Gibara, Fray Benito, Banes, ciudad de Holguín, San Andrés, Puerto Padre, Mayarí, Sagua de Tánamo, Cacocum y Auras)

Para interesados en adquirir nacionalidad española a partir de la actualización de la Ley de Memoria Histórica/Democrática les ofrezco una lista (que iré actualizando a medida que se encuentren otras partidas) de matrimonios entre españoles y cubanas en los siguientes pueblos de las actuales provincias de Holguín y Las Tunas exclusivamente (Gibara, Fray Benito, Banes, ciudad de Holguín, San Andrés, Puerto Padre, Mayarí, Sagua de Tánamo, Cacocum y Auras).

Interesado(a)s escribir a:

billnavarro216@gmail.com

 

Matrimonios con españoles: 

Aparicio Jiménez Gavilán (prov. Almería) + Altagracia Lord

Bernardo Rivas García (prov. Pontevedra) + Avelina Rojas Batista

León Zorra Sánchez (prov. Guadalajara) + Caridad Torres

Juan Rivas Junquet (prov. de Gerona) + Guadalupe Leyva Ricardo

Antonio Gómez González (prov. Orense) + Rafaela Proenza Batista

Guillermo Cobas Crusañat (Mallorca) + Jacinta Periche

Ramón Castell Castell (Mallorca) + Domitila González Batista

Salvador Furnaguera Bargada (n. Barcelona) + María Rojas Batista (h. de Esteban y Caridad).

Arsenio Núñez Quintero (prov. Palencia) + Domitila Pérez Almaguer

Francisco Crespo Torre (h. de Francisco Crespo, n. de Madrid) + Encarnación Ponte Leyva

Laureano Suárez Rodríguez (prov. Oviedo) + Rosa Batista Rojas

Antonio Díaz Candelaria (n. La Palma, Canarias) + Manuela Díaz Cruz

José Vázquez Carralero (prov. Málaga) + Teresa Estupiñán Cabrera

Antonio Pérez Martínez (Santa Cruz de la Palma, Canarias) + Aurelia Santana Leyva

Fructuoso Molina Blanco (prov. Jaén) + Antonia Suárez Prats (n. Holguín)

Andrés Cedrán Fuentes (viudo, n. Orihuela) + Rosa Mogena Sánchez (n. Manzanillo)

Federico Castro Martínez (prov. Valladolid) + Carolina Aguilar Mesa

Eugenio Rodríguez Lara (prov. de Lugo) + Caridad Rodríguez Hidalgo

Manuel Jiménez Rodríguez (prov. Sevilla) + Josefa Ricardo Sarmiento

Guillermo Bajuelo Acosta (prov. Sevilla) + Justina Betancourt

29/8/22

Indice de matrimonios en San Andrés de Guabasiabo, Holguín (1868 - 16 enero 1882)

A continuación, el índice de los matrimonios entre 1868 y el 16 enero 1882 del libro 2 de la iglesia de San Andrés de Guabasiabo, al norte de Holguín. La iglesia fue fundada en 1862 y existe un primer libro con respecto a los años anteriores al que no he tenido acceso.

Este índice ha sido elaborado revisando página por página del libro. Para datos complementarios puede escribirme a: wnavarre75@wanadoo.fr

Hacer click (pulsar) en cada imagen para poder ver la página completa.


Indices:
















2/7/22

Arboles genealógicos apellidos Almira, Céspedes, Consuegra, Fonseca y Pupo en Holguín y pueblos aledaños

Aquí les dejo los árboles de los apellidos Almira, Céspedes, Consuegra, Fonseca y Pupo en la región de Holguín lo más completo que tengo (julio 2022). 

Click en este enlace: Family Trees Cuban Genealogy Club

Deben bajar hasta la rúbrica Family Trees y abrir el pdf.

Me gustaría que aquellos que encuentren sus líneas y falten datos me contacten escribiéndome a: wnavarrete75@wanadoo.fr

Muchos de estos árboles he contado con la ayuda del Dr. Manuel C. Díaz.



11/9/20

El bautizo del chino Paulino Antonio en Gibara

Aquí les dejo esta curiosidad. El bautizo de un chino en Gibara, en el Oriente de Cuba, el 26 de febrero de 1850. Nótese que este chino, según dice la partida, era mahometano. Y otra curiosidad es que fue instruido en la doctrina cristiana por alguien que hablaba chino en Gibara, el comandante de carabineros Paulino Yánez de Ribadanegra, de quien toman el nombre para bautizar a este asiático de 40 años en el artículo de la muerte. ¡De qué escribir una novela!

Transcribo:

“Año del Señor de mil ochocientos cincuenta, a veinte y seis de febrero, Yo el Pbro. Don Salvador Marful, cura interino de esta parroquial de San Fulgencio de Gibara, bauticé solemnemente a un adulto como de cuarenta años de edad, natural de China, el cual se hallaba en artículo de muerte y pidió ser abscrito al gremio de la Santa Iglesia Católica por el santo sacramento del bautismo, haciendo una abjuración de la secta mahometana a que pertenecía y juramento de fidelidad a nuestro redentor Jesucristo, fue admitido en eta doctrina cristiana y dogmas principales de nuestra religión en presencia de varios caballeros por su padrino, el Comandante de carabineros instruido en el idioma chino Don Paulino Yánez de Ribadanegra, púsole por nombre Paulino Antonio. Fue padrino el susodicho Paulino a quien advertí lo que previene el ritual romano. Para que conste lo firmo.



8/4/20

Genealogía del apellido Navarrete en Banes, Oriente, Cuba

Por: William Navarrete

1- El tronco común: Salvador Gerardo Antonio Navarrete Ochoa
Le llamaban simplemente Gerardo.

Nacimiento: Nueva Gerona, Isla de Pinos, el 17 de diciembre de 1872.
Bautizo: Iglesia Nuestra Señora de los Dolores de Nueva Gerona, el 3 de junio de 1873. Dicho bautizo consta en el Libro 4 de bautizos de esa iglesia, Folio 141, N. 81.
En su bautizo aparece como hijo natural de Vidalina y de padre desconocido. Es por eso que aparece como Salvador Gerardo Antonio Ochoa (sin el apellido Navarrete).

Defunción: A los 85 años, en Banes, el 2 de febrero de 1957, a las 7h 50 pm (Registro Civil Tomo 35, Folio 442). En su certificación de defunción en Banes aparece con los dos apellidos (Navarrete Ochoa) como hijo de Ramón y Vidalina.



Gerardo Navarrete Ochoa y su esposa Amparo Martín Pupo
en Banes, Oriente, Cuba. En la segunda foto tomada hacia 1915 con algunos
de sus hijos pequeños


En su casa de la avenida Cárdenas 707 construida por él mismo en 1904 y donde tenía su famosa carpintería. La casa es considerada la más antigua de Banes. Tenía un aire de caserón del Oeste norteamericano que perdió cuando después del paso del huracán Ike por Banes en 2008 se pidió que retiraran la planta alto que era donde vivieron Gerardo y su esposo Amparo, y luego sus hijos Ángel Luis y José Antonio (Tony) Navarrete Martín, con sus respectivas esposas Caridad Rosa y Georgina. En efecto, como el techo de zinc estaba agujereado y era imposible repararlo en las condiciones de Cuba las goteras llegaban hasta la planta baja. El balcón de madera y baranda de hierro forjado que tenía en la segunda planta ya estaba casi perdido a finales de los 1990 y tampoco era reparable en las condiciones de Cuba. La carpintería de Gerardo (nacionalizada en 1968 con la última ley de nacionalizaciones u ofensiva final) quedaba en el lado derecho de la planta baja y desapareció en 1980 en que se unificó con la colindante de Joaquín Navarrete, otro de los hijos de Gerardo y Amparo. Como muchas de las casas de madera de Banes, ésta estaba construida sobre pilotes, pero en el momento de su transformación de 1980 se rellenó de arena y piedras toda su base y se le hizo piso de cemento cubierto con baldosas. A esa carpintería yo le hago un homenaje en mi novela Fugas (Ed. Tusquets, 2014). De ella digo:


[…] ¡Qué podía importar a estas alturas que de ese taller maravilloso, de sus sierras y tornos, hubieran salido prácticamente todas las casas del pueblo! Taladros y berbiquíes, guimbardas y garlopas, serruchos, brocas y escofinas, penetraron, moldearon, rebajaron y pulieron durante años las mejores maderas de los montes. De su armoniosa y siempre idéntica sinfonía de sonidos, surgieron cines, clubes, hospitales, almacenes, un sinfín de construcciones que exhibían la marca inconfundible de la fraternidad de carpinteros que la trabajaban. Al terminar un día de labor, la atmósfera 
quedaba impregnada con el noble e inconfundible olor de las ácanas, del dagame, las caobas y los guayacanes. […]

La foto mas antigua que conozco de la casa de los Navarrete
en Banes, hacia 1915, al fondo a la izquierda, con sus dos plantas.
Al frente, a la derecha, también de dos plantas, la de su
medio hermano Juan Eloy Velazquez Ochoa.

Gerardo y sus hijos eran carpinteros profesionales. La marca de su estilo quedó en decenas de construcciones en la costa norte holguinera, que cuento en este enlace (Los constructores de Banes). En Barrederas, en Cayo Mambí (donde Gerardo tuvo una hija ilegítima), en Deleite (donde Víctor Navarrete tuvo una primera esposa y se dice que una hija), incluso en La Guaira (Estado de Vargas, Venezuela), a donde muchos de los hermanos Navarrete Martín fueron a trabajar para la empresa constructora con sede en La Habana y Nueva York Frederick Snare Corporation las instalaciones de las salinas de ese Estado venezolano cuando las crisis económica de los 1930-1940 y, por supuesto, en todo Banes, el estilo de las casas que construían era inconfundible.

Una de las obras emblemáticas de Gerardo Navarrete fue la remodelación del Club Banes, una institución de recreo cuyo edificio todavía sobrevive en el lado este del parque Domínguez, y que luego se transformara en sede el INDER (Instituto Nacional del Deporte). En la revista banense Portada (14 de mayo de 1952, n. 8, Año 1) en un artículo de su director Rolando Gómez de Cárdenas titulado El Club Banes y su labor social, da cuenta de que: 


‘‘[…] En diciembre de 1924 se llevó a efecto la reforma del techo que estuvo a cargo de Navarrete y que 16 años 
más tarde sería la admiración de unos ingenieros habaneros que se asombraron que dicho techo no había cedido 
ni un cuarto de pulgada, en una increíble, pero perfecta obra de carpintería […]’’.

También fueron ellos quienes introdujeron en Cuba las ventanas llamadas ‘‘estilo Miami’’, un tipo de persiana diferente de la persianería llamada ‘‘francesa’’ porque con una manecilla incorporada al marco se abren todas sus hojas a la vez.

Matrimonio: Banes (Registro de Samá) el 28 de noviembre de 1900 (a los 28 años) con Amparo Martín Pupo (nacida 
en Sevilla, España, a fines de 1879 y fallecida en Banes, el 8 de enero de 1936) [Informaciones sobre Amparo abajo]
La primera hija que tuvieron fue Lucila Domitila, nacida en noviembre de 1901 en Gibara.

Padre: Ramón Navarrete Guillamón [ver Informaciones sobre Ramón Navarrete Guillamón]

Madre: Vidalina Ochoa Tamayo [ver Informaciones sobre Vidalina Ochoa Tamayo]

Vida militarGerardo aparece en el Índice Alfabético y Defunciones del Ejército Libertador de Cuba (1895-1898) que publicó el Mayor General Carlos Roloff Mialosky, Imprenta de Rambla y Bouza, La Habana, 1901. En la página 618 aparece como Gerardo Navarrete Ochoa (y no como Ochoa solamente). Se indica que tiene el grado de Subteniente, que se incorporó a la guerra el 12 de mayo de 1896, al Departamento ‘‘Oriente’’, Segundo Cuerpo, 4a. División y 2a. Brigada. Hay un error en el nombre de sus padres, pues Roloff indica que se llamaban Eduardo y Rosa, cuando en realidad se llamaban Ramón y Vidalina.

Cuentan que hubo que cantarle la grulla para que muriera en paz, pues como había sido mambí y los mambises comían grulla para sobrevivir en la manigua, había una creencia popular en Oriente que decía que quienes habían comido grulla en vida a la hora de morir no querían irse y había que ayudarlos. Para ello, alguien que supiera ‘‘cantar la grulla’’ imitaba el sonido de este animal y de ese modo la persona lograba morir en paz. Esto se lo oí contar a mi abuelo Joaquín y a mi tía Amparo. Luego busqué en internet y, en efecto, ese tipo de creencia existía en Oriente y así aparece recogido en algunos estudios socioculturales. Esta historia quise recogerla en mi novela Deja que se muera España (Tusquets, 2017).

Pesquisas sobre la identidad de su padre:
Existía la leyenda familiar de que el padre de Gerardo había sido un militar español y de que su madre Vidalina había sido deportada a Isla de Pinos (donde nació Gerardo) en octubre de 1870 por ‘‘haber matado a un militar español’’. Yo sospechaba que en realidad lo que había sucedido era que Vidalina había sido deportada por otras razones y que tuvo, una vez en el destierro, relaciones con el militar español en cuestión, pues sabido es que si ella hubiera dado muerte a u militar en tiempos de guerra la pena en esos casos no era otra que la ejecución sumaria.

Esa era la única información que se tenía de Ramón Navarrete, cuyo nombre había sido revelado por la certificación de defunción de Gerardo y porque aparece también en el certificado de nacimiento de algunos de sus hijos, como es el caso del certificado de Gerardo Joaquín (mi abuelo), en el Registro Civil de Banes (29 de agosto de 1909) y el de Ángel Luis (id., 29 de mayo de 1913).

Tuve la suerte de encontrar en el Archivo Histórico Nacional de Madrid (Sección de Ultramar, Legajo 4389, expediente 9), el ‘‘testimonio de condena instruido contra Doña Vidalina Ochoa y Tamayo, vecina de Holguín, acusada de infidencia’’. Solicité desde París dicho documento y después de pagar 32 euros recibí, en el 2009, la copia de los 41 pliegos [ver detalles de ese expediente de deportación en las Informaciones sobre Vidalina Ochoa Tamayo y también en este blog].

Lo que me puso sobre la pista de que un hombre de apellido Navarrete había sido el padre de Gerardo es que en la primera carta que Vidalina envía al Gobernador Superior Político de La Habana pidiéndole el alzamiento de su condena, con fecha 1° de octubre de 1871, aparece escrito en la parte superior, al lado del sello de 2 pesetas, el apellido «Navarrete». Para entender lo que sucedió hay que saber la gran mayoría de las mujeres de la época no sabían leer ni escribir. De este modo, tenían que recurrir a los servicios de un escribano que se ocupaba, no sólo de escribir lo que se les dictaba, sino de darle forma a cada tipo de carta. En el caso de la solicitud de Vidalina a la más alta instancia de Gobierno de la Isla el escribano presente en Nueva Gerona se llamaba Doroteo Carlos (su nombre aparece al final de la carta en la que escribe ‘‘a nombre de la interesada Doroteo Carlos’’). Lo que sucedió es que Vidalina consiguió que alguien, con medios para hacerlo, pagara ese escribano (pues en este tipo de gestión el interesado pagaba no sólo el franqueo de la carta sino también el servicio prestado de redacción de la misiva). Es por eso que, el escribano, de su puño y letra que es el mismo que el del resto de la carta, pone en la parte superior derecha el apellido del cliente: «Navarrete», para dejar constancia de la persona que paga por este servicio.

Este detalle, insignificante en apariencias, me puso sobre la pista de que Ramón Navarrete estaba en Nueva Gerona, Isla de Pinos, en el momento en que Vidalina Ochoa Tamayo recurrió al escribano para redactar su petición de indulto a la autoridad política de La Habana.

Fue entonces que –pensando en aquella leyenda poco creíble de que Vidalina fue condenada por matar a un militar español, y conociendo la razón de su deportación (que aparece explicitada en el expediente), o sea, por prestar auxilio a Justiniano Ochoa Tamayo, su hermano mambí, me dije que el tal Ramón Navarrete debía haber sido un militar español (mi abuelo decía que había oído decir que el padre de Gerardo era de Castilla), presente en Isla de Pinos en el año de 1871.

Con tan pocos elementos y esperanzas me di a la tarea de contactar el Archivo General Militar de Segovia (en España), donde se encuentran los expedientes de casi todos los militares españoles. Recuerdo que el único elemento que pude ofrecerle al Coronel Director fue que necesitaba encontrar a un tal Ramón Navarrete que hubiera estado de servicio en Isla de Pinos (Cuba) en 1871. Mi sorpresa fue grande cuando recibí, un mes después, un mail de la parte del Coronel Director confirmándome que en esa fecha solo había un militar con ese nombre en isla de Pinos, formando parte del Regimiento del Rey. Dicho militar se llamaba Ramón Navarrete Guillamón y había pasado los años de 1870 y 1871 en Isla de Pinos (hay que recordar que la carta del escribano data de octubre de 1871 y que Vidalina llegó a isla de Pinos en octubre de 1870).

Recibí en poco tiempo la fotocopia de dicho expediente y pude comprobar que en él hay una carta fechada el 13 de enero de 1872 en la que el Capitán General pide que Ramón Navarrete deje la isla de Pinos y pase al cuerpo que se halla en el Departamento del Centro. Habrá que recordar que Gerardo nació el 7 de diciembre de 1872, con lo cual Vidalina debió quedar embarazada en marzo de 1872. Quiere decir que, si la carta salió de La Habana a mediados de enero de 1872, el tiempo en que salió de Palacio, llegó en barco (uno por semana) a isla de Pinos y se cumplió la orden de trasladar a Ramón a la región central de la isla de Cuba pudo muy bien haber dejado Nueva Gerona a principios de marzo de 1872.

En el expediente militar de Ramón conservado en Segovia aparecen el nombre de sus padres y el pueblo de España donde nació: Cirat, una pequeña localidad de la provincia de Castellón (entre Valencia y Tarragona). No cabe dudas de que la confusión entre Castilla (de donde mi abuelo decía que venía el padre de Gerardo) y Castellón era evidente.
Es por eso que pude llegar a la conclusión de que el padre no reconocido del niño Salvador Gerardo Antonio Ochoa 
no era otro que Ramón Navarrete Guillamón, nacido en Cirat, provincia de Castellón, España, un 11 de abril 
de 1834 [ver Informaciones sobre él abajo]

2- Vidalina Ochoa Tamayo. La Madre de Salvador Gerardo Antonio. 
Nacimiento: Holguín, 1851 o 52 (fecha calculada a partir de su sentencia de deportación en la que se dice que tiene 19 años el 1° de octubre de 1851, pues no he encontrado su bautizo).
Bautizo: No lo he encontrado por mucho que lo he buscado, pero debe esconderse en Holguín, en la iglesia San Isidoro o San José, pues de lo que no hay dudas es que nació en Holguín.
Defunción: Banes (no tengo información y esto solo puede encontrarlo alguien que pueda ir al Registro Civil de Banes o tal vez en el de Antilla, pues allí vivía una hija).
Unión no legalizada de Vidalina: Ramón Navarrete Guillamón, en isla de Pinos, entre 1871 y 1872, durante su destierro en Nueva Gerona.
Primer y único matrimonio de Vidalina: Iglesia San Fulgencio de Gibara, el 23 de noviembre de 1878 (Libro 4, Folio 127), con Eloy Velázquez Hernández, de donde descienden los tres medio-hermanos de Gerardo Navarrete Ochoa que fueron: Arcadio Velázquez Ochoa (nacido en Gibara el 12 de enero de 1882), Juanillo Eloy Velázquez Ochoa (nacido en Gibara en 1881, casado en Banes, el 26 de junio de 1911 con Julia Carmen Gómez Juliat, con quien Gerardo trabajó en equipo pues también era maestro carpintero y quien también fue soldado del Ejército Libertador en el que ingresó en el destacamento de Tacajó el 25 de marzo de 1895, según el diccionario de Roloff ya mencionado), Josefa Teodora Velázquez Ochoa (nacida en Gibara el 9 de noviembre de 1886, casada con Agustín Castelo Gilbert, quien fue quien fue práctico mayor de Nipe, hijo de Agustín Castelo, nacido en La Coruña y Carolina Gilbert, natural de Baracoa) y Justina Velázquez Ochoa (casada con Presciliano Herrero Tabares). Los hijos de estos tres medio-hermanos de Gerardo eran primos hermanos de los Navarrete Martín. De ellos: Vidalina Velázquez Gómez (fallecida en Banes, el 3 de julio de 1993, vivía frente al Parque Cárdenas en Banes, casada con Julián Rodríguez, con quien no tuvo hijos); Carmen Velázquez Gómez (nacida en Banes el 30 de noviembre de 1910, fallecida en Hialeah, USA, el 12 de noviembre de 1995, casada con Guzmán Jardines Méndez); Roberto Julián Velázquez Gómez (nacido en Banes el 9 de diciembre de 1912, fallecido en esa misma localidad, el 22 de agosto de 2007, casó primero con Juana Feria y luego con Juana Estévez Amador y tuvo por hijos a Roberto Javier Velázquez Feria y a Juan Andrés Velázquez Estévez, quien se casará con una nieta de Jorge Navarrete Martín, llamada Xiomara Muñiz Navarrete, con quien estaba entonces emparentada como primo en cuarto grado) y Ladislado Velázquez Gómez (fallecido en La Habana, el 19 de septiembre de 2004, casado con Noelia Mateo Vega). Los hijos de Josefa Teodora y Agustín Castelo fueron: Salvador, Josefa, Agustín, Narciso, Luz del Alba, Ana y Evelio Castelo Velázquez, todos nietos de Vidalina, y establecidos en Antilla. Los de Justina y Presciliano, también nietos de Vidalina, fueron Conchita, Divina, Vidalina Emilia (bautizada en Gibara en 1911), María de la Concepción (bautizda en Gibara en 1914), Victoria y Vicenta (bautizada en Gibara en 1909), todos Herrero Velázquez, quienes vivieron entre Gibara y Holguín.

Vidalina fue deportada por el gobierno español en octubre de 1870. Fue acusada por las autoridades españolas de Holguín de colaborar con su hermano mambí Justiniano Ochoa Tamayo (quien fue finalmente fusilado el 3 de enero de 1872, según una carta de la propia Vidalina al Capitán General pidiendo el indulto por no existir ya la causa de su deportación). Vidalina permaneció deportada por infidencia en Nueva Gerona, Isla de Pinos, desde octubre de 1870 hasta junio de 1873 (2 años y 8 meses aproximadamente). Por eso Gerardo, su hijo, nace en Isla de Pinos.

El expediente de deportación de Vidalina se encuentra en el Archivo Histórico de Madrid, sección de Ultramar, y la referencia es 4389, expediente 9 (tengo una copia y en este mismo blog ofrezco detalles en otra entrada). La deportación en esa época no significaba prisión. La persona deportada podía circular libremente en el sitio asignado o escogido por ella, pero no podía salir de él, ni alejarse de x kilómetros. Cuando dictaban sentencia de deportación ‘‘fuera de la isla de Cuba’’ muchos escogían un lugar como la isla de Pinos, por ser una isla diferente de la de Cuba [un ardid para no alejarse del lugar de origen, al mismo tiempo que legalmente se cumplía literalmente con lo estipulado por la sentencia]. Eran desplazados ‘‘por cordillera’’ (así dice la sentencia de Vidalina), un término que se usa aún en la jerga de los prisioneros en Cuba cuando son trasladados haciendo escalas de cuartel en cuartel o de prisión en prisión, a lo largo de todo el país. En la condena de Vidalina aparece que será enviada a Isla de Pinos ‘‘por cordillera’’ y que debe pagarse su propio viaje. En el expediente de Vidalina se pueden leer las cartas que escribió, por mediación de un escribano pagado por ‘‘Navarrete’’ al Capitán General de la isla de Cuba. En la primera de estas cartas le cuenta las vicisitudes del viaje hasta la isla de Pinos y la pérdida del arcón en que llevaba su ropa [hay una carta que da fe de la llegada del arcón tiempo después], en otras, cuenta de las dificultades para subsistir en la isla de Pinos como costurera que era lo único que sabía hacer.

El juicio contra Vidalina reunió a varios sentenciados de su propia familia: José Tamayo, Ramona Figueredo, Eufemia Morales, Luz Tamayo León, José Ochoa, Antonio Ochoa, Clemente Morales Tamayo y Ramona Tamayo León. De éstos viajan con ella a Isla de Pinos los subrayados: Luz Tamayo León (tía de Vidalina por parte de su madre), José Ochoa, Antonio Ochoa y Ramona Tamayo León (que tenía 61 años y era doblemente prima de la madre de Vidalina pues sus padres eran hermanos de la madre y del padre de Ana Josefa Tamayo León). A José Tamayo lo condenan a presidio con reclusión, a Clemente Morales Tamayo (hijo de la mencionada Ramona) y Ramona Figueredo a seis años de presidio y galera, a Eufemia Morales Tamayo (hermana menor de Clemente), la ponen en libertad pues se trata de una niña que actuó (dice la sentencia) bajo influjo de sus padres.

Vidalina tenía 19 años cuando fue deportada a isla de Pinos. Logra ser indultada en 9 de junio de 1873. Cuando sale de la isla de Pinos vive un breve tiempo en La Habana (que es a donde la autorizan a viajar, a partir del 22 de junio de 1873) y vuelve a escribir al Capitán General español de la Isla (carta del 30 de junio de 1873) para que la deje regresar a Holguín, que es donde viven su madre Josefa y sus hermanos pequeños. Finalmente, logra regresar a Holguín con su hijo Gerardo pequeño (del que nunca habla en sus cartas al Capitán General) en julio de 1873 (a quien bautizó en Nueva Gerona justo un mes antes de viajar seguramente por temor a que el barco naufragara y que el niño se quedara sin bautizar).

Parte de estos sucesos los cuento de manera novela en mi novela Deja que se muera España, que publiqué en la editorial Tusquets en 2017, y cuya traducción al francés se titula Vidalina (Ediciones Emmanuelle Collas, París, 2019), pues muchas veces los títulos no funcionan de una lengua a otra y, para esta ocasión, la editora francesa estimó que el título que mejor iba en francés era el del personaje femenino del siglo XIX, es decir, la propia Vidalina. Ambas novelas las he presentado en muchos lugares, entre los que figuran, en Books and Books (Coral Gables, Florida), en el HAY Festival (Cartagena de Indias, Colombia), en la Semana Negra de Gijón (Asturias), las librerías Saint-Paul y Vendredi (París), la Bibliothèque Louis Nucéra (Niza), la FNAC de Niza, la Société des Arts, Sciences et Lettres de Niza, el festival de Cosne-sur-Loire (Borgoña), el festival del libro de Morges (Suiza), la Alcaldía del distrito IX de París, la Maison de l’Amérique Latine (París), el festival de Le Mans (región del Loira francés), en el festival de Saint-Dié des Vosges(en los Vosgos franceses), en Radio France Internationale, en La Tertulia del CRIMIC de la Universidad de La Sorbonne-Paris IV, en el Colegio Jules Romains de Niza, en la Universidad Jean Monnet (Saint-Etienne), en la EEcole Normale Supérieure (Lyon), en la Ecole Centrale de Lyon-Ecully, en la libreria Passerelles (Dole, Jura), el Institut National de Sciences Appliquées (Lyon), etc. Una manera de rescatar a este personaje de la historia de Cuba, hasta ahora anónimo y olvidado, como muchas de las mujeres que de una forma u otra padecieron los embates de la Historia, sin que por esto hayan sido reconocidas, o simplemente, nombradas.

Y con anterioridad le había enviado los datos a la investigadora Teresa Fernández Soneira quien la incluyó en su libro Mujeres de la patria, publicado en las ediciones Universal, Miami, 2014, página 251.





"Deja que se muera España" (Tusquets, 2017)
y su traduccion al francés, "Vidalina" (Ed. Emmanuelle Collas, 2019)

Vidalina era la hija de:

Padre de Vidalina: Octaviano Luciano Ochoa Pacheco (nacido en Holguín, el 21 de diciembre de 1820 e hijo a su vez de José Isidoro Ochoa Losada y de María Loreto Pacheco Báez).
Su padre Octaviano no la reconoció cuando nació y es por eso que, en ocasiones, aparece como Vidalina Tamayo. En el momento de su deportación sí aparece como Vidalina Ochoa Tamayo. Octaviano tuvo una esposa legítima con la que se casa en 1871 y se llama María de las Mercedes Guerrero de Ávila.
En 1907 Octaviano vivía en La Habana, pues aparece en un acta de venta a Armentino Ochoa del Monte, su sobrino, de su parte de herencia en el trapiche Santa Rosa, que se encontraba en la Hacienda Las Cuevas, en Holguín.
Octaviano desciende del primer Ochoa que llegó a Holguín: Joseph Ochoa de Aspurúa Segura, (hijo de Juan Ochoa de Axpuru y Ochoa de Axpuru – el apellido cambia en ocasiones entres Aspuru su grafía en castellano y Axpuru, la vasca –, nacido en San Juan de Salvatierra, el 4 de abril de 1682 y de Cathalina de Segura Alberdi, bautizada en Santa Cruz dee Marieta, Barrundia, el 31 de agosto de 1684, fallecida en Oñati, el 24 de abril de 1753, con quien se casó en la iglesia de San Juan, en San Millán de Aspuro, provincia de Álava, el 16 de julio de 1710), nacido en Oñate, Vizcaya, el 12 de abril de 1726, en donde fue bautizado en la iglesia San Miguel Arcángel según consta en el Libro 11, Folio 243v. de ésta, quien llegó a Holguín como médico cirujano y se casó en esa villa, el 4 de enero 1751, con María Rosalía de Ávila González-Norate, de la descendencia de los fundadores de Holguín. Estos fueron los padres de, entre otros, Diego Antonio Ochoa de Ávila, nacido el 28 de junio de 1753, fallecido en Holguín, el 19 de septiembre de 1777, y casado en Holguín, el 2 de abril de 1773 con la santiaguera María Nicolasa de Losada Reina, quienes a su vez fueron los padres de, entre otros, José Isidoro Ochoa Losada, nacido en San Isidoro de Holguin, el 4 de abril de 1777, fallecido en 1850 y casado en Holguín, el 12 de enero 1801 con la bayamesa María Loreto Pacheco Báez, fallecida en agosto de 1854, a los 70 años de edad, hija de los bayameses Blas Pacheco Soto y María Manuela Báez Calderón. De esta última unión nació Octaviano Luciano Ochoa Pacheco, en Holguín, el 21 de diciembre de 1820, el padre de Vidalina.

y de

Madre de Vidalina: Ana Josefa Tamayo León (hija a su vez de José Antonio Tamayo Zaldívar y de María de la Concepción de León Arévalo, abuelos maternos de Vidalina). Por los Tamayo, Ana Josefa desciende los primeros Tamayo que llegaron a Bayamo en el siglo XVI. Su padre José Antonio Tamayo Zaldívar (abuelo de Vidalina, fallecido en San Andrés de Guabasiabo, el 27 de abril de 1865 a los 90 años, en donde vivía en Naranjo, cuartón de Las Cuevas, y casado en San Isidoro de Holguín, el 3 de marzo de 1800, según consta en el Libro 3, Folio 720v) era hijo de Francisco Tamayo Sedeño (fallecido en Holguín, el 20 de noviembre de 1819, quien aparece en el censo 1775 como blanco de 34 años, propietario en el hato de Naranjo, en Uñas, y casado en Holguín, el 10 de mayo de 1764, con Beatriz Zaldívar Pupo (bisabuela de Vidalina). Francisco (bisabuelo e Vidalina) era hijo de los bayameses Agustín Tamayo Arias-Guerra, fallecido en Holguín el 16 de septiembre de 1784 a los 60 años de edad y de Juana Bernarda Sedeño Mogena.

Hermanos de Vidalina: José (casado en Holguín, el 9 de diciembre de 1872 con Adelaida Elisa Hernández Parra), Digna Valentina de la Caridad (nacida en Holguín, el 31 de marzo de 1868) y Justiniano (fusilado en Holguín por los españoles el 3 de enero de 1872 y quien fue mambí y a causa de él deportan a Vidalina a Isla de Pinos). También tuvo varios medio-hermanos del matrimonio de su padre con María de las Mercedes Guerrero de Ávila.

Por los Pupo y los Zaldívar (bisabuela de Vidalina) Gerardo Navarrete Ochoa (el hijo de Vidalina) y su esposa Amparo Marín Pupo están lejanamente emparentados como se puede ver aquí.

Por los Zaldívar:
Gerardo Navarrete Ochoa < Vidalina Ochoa Tamayo < Ana Josefa Tamayo León < José Antonio Tamayo Zaldívar < Beatriz Zaldívar Pupo < Juan Joseph Zaldívar Rodríguez < Cristóbal Zaldívar + María Rodríguez

Amparo Martín Pupo < Manuela Antonia Pupo González < Caridad Plácida González Zaldívar < Dolores Zaldívar Pupo < Juan Joseph Zaldívar Pérez < Diego Joseph Zaldívar Pupo < Juan Joseph Zaldívar Rodríguez < Cristóbal Zaldívar + María Rodríguez

Por los Pupo:
Gerardo Navarrete Ochoa < Vidalina Ochoa Tamayo < Ana Josefa Tamayo León < José Antonio Tamayo Zaldívar < Beatriz Zaldívar Pupo < < María Josefa Pupo Rodríguez < Alejandro Pupo de la Cruz

Amparo Martín Pupo < Manuela Antonia Pupo González < Caridad Plácida González Zaldívar < Dolores Zaldívar Pupo < María Josefa Pupo de Rojas < Manuel Joseph Pupo de León de Ávila < Manuel Pupo de León de Leyva < Manuel Pupo de León de Góngora < Gerónimo Pupo de León de la Cruz < Alejandro Pupo de la Cruz

3- Ramón Navarrete Guillamón
El padre de Salvador Gerardo Antonio.

Nacimiento: Cirat, provincia de Castellón, Comunidad Valenciana, España, el 11 de abril de 1834.

Defunción: A los 41 años, el campo de batalla, luchando contra los mambises, en Las Villas, el 25 de abril de 1875.

Datos personales: Ramón servía en el Regimiento de Infantería de Nápoles cuando lo enviaron a la guerra de los Diez Años en Cuba. Ese Regimiento estuvo primero, entre 1870 y 1872, en Isla de Pinos. Es ahí donde Ramón (siendo militar español) conoce a Vidalina (desterrada) y tienen una relación de la cual nace Gerardo.

Cuando Gerardo nace, no lo inscriben como Navarrete sino simplemente como Ochoa (apellido de la madre), pues no hubo casamiento entre el militar español y Vidalina. Ignoro en qué momento Vidalina hace valer el reconocimiento de la paternidad de Ramón sobre su hijo Gerardo. Pero Gerardo aparece ya como Navarrete Ochoa en la lista del Ejército Libertador cubano, en la guerra de independencia de 1895, de la que fue Subteniente.

Calculo que Vidalina hizo valer la paternidad del padre durante su breve estancia en La Habana, antes de volver a Holguín. O debe haber utilizado a testigos de su propio destierro en Isla de Pinos (recordar que con ella viajaban otros 5 desterrados holguineros de su familia) una vez que éstos fueron liberados y regresaron a Holguín. Eso significa que en algún acta notarial en La Habana o en Holguín debe estar el añadido del apellido Navarrete a Gerardo. Esas actas notariales, llamadas también protocolos, se encuentran en los Archivos Municipales de cada ciudad. La búsqueda es engorrosa y como no vivo en Cuba no he podido hacerla.

El expediente Ramón (padre de Gerardo) se encuentra en el Archivo General Militar de Segovia (España), bajo el n° 504 / 29068 (tengo una copia como ya dije).

Ahí aparece toda su carrera militar que es la siguiente:

Grados: el 28-5-1854 (soldado / 9 meses y 3 días) – 1-3-1855 (cabo segundo por elección / 6 meses y 19 días) – 20-9-1855 (cabo primero por elección / 2 años, 8 meses y 10 días) – 20-5-1857 (sargento segundo por antigüedad / 2 años, 9 meses y 18 días) – 18-3-1860 (Licenciado absoluto por un año) – 18-3-1861 (vuelve al servicio como sargento segundo / 2 años, 7 meses y 10 días) – 28-10-1863 (sargento primero, enviado a Ultramar / 2 años, 11 meses y 15 días) – 13-10-1864 (grado de alférez por mérito de guerra / 6 años, 10 meses y 18 días) – 7-10-1869 (alférez por antigüedad / 6 años, 10 meses y 18 días) – 10-10-1871 (teniente por antigüedad hasta su muerte en acción de guerra). Total de servicio: 18 años, 7 meses y 3 días.

Cuerpos: en la caja de quintos de Castellón (hasta mayo de 1854) / en el Regimiento de infantería de Galicia (hasta fines de noviembre de 1854) / en el Regimiento de Extremadura n. 19 (hasta fin de octubre de 1859) / en el Regimiento de Gerona, Cataluña, n. 20 (hasta el 18 de mayo de 1860) / en el Regimiento de Gerona por segunda vez después de regresar de un año de licencia (hasta fin de noviembre de 1863) / en marcha y navegación para América (hasta el 19 de diciembre de 1863, por 14 días) / en el Primer Batallón del Regimiento de Santiago de Cuba n. 7 (hasta fin de septiembre de 1869) / en el Regimiento de España n. 5 de Infantería del segundo batallón (hasta fin de agosto de 1871) / en el Regimiento del Rey n. 10 (hasta enero finales de 1872) / en el Regimiento del Rey, primer tercio de año civil (hasta fines de mayo de 1873) / en el Regimiento del Rey, segundo batallón del Regimiento de Nápoles hasta su caída en combate.

En América:
- 1865: llega a Santo Domingo, desembarca en calderas, marcha hasta Baní, luego a la ciudad de Santo Domingo hasta el 11 de julio en que la isla fue evacuada y llega a Santiago de Cuba el día 13 de agosto / es el final de la guerra de Restauración llevada a cabo por los nacionalistas dominicanos contra España que se había anexado la isla 17 años después de su independencia.
- 1867: de guarnición en Guantánamo hasta el 6 de febrero y luego a Santiago de Cuba en donde se queda el resto del año.
- 1868: combate en El Cobre a los mambises que se habían apoderado del poblado. En Santiago de Cuba el 10 de diciembre.
- 1869: acción de San Narciso, en la que recibe una herida de bala en el pie derecho / acción de combate contra el campamento enemigo llamado «Ramón».
- 1870: el 20 de mayo se incorpora al Regimiento del rey y pasa a Isla de Pinos.

Ramón era hijo de:

Padre de Ramón: Manuel Navarrete Mansergas (nacido en Cirat, hacia 1814, hijo de Manuel Navarrete y Peregrina Mansergas)

Madre de Ramón: María Rosa Guillamón Centelles (nacida en Espadilla, otro pueblo cerca de Cirat, hija a su vez de José Guillamón y de Rosa Centelles)

Debe notarse que en el Indice Alfabético y Defunciones del Ejército Libertador de Cuba de Roloff se dice erróneamente que los padres de Gerardo son Eduardo y Rosa. Yo creo que él sabía que sus abuelos paternos eran Manuel y María Rosa y ése fue el nombre que dio en lugar de Vidalina y Ramón. Es probable que Manuel fuera Eduardo Manuel y Rosa la mencionada María Rosa, padres de Ramón. A menos que Roloff se haya equivocado, como solía suceder a veces.


Por otra parte, hay un hermano del padre de Ramón llamado Ramón Navarrete Mansergas, casado en Cirat con Teresa Santolaria García. Hermanos de Ramón Navarrete Guillamón fueron: Manuel y Francisca Navarrete Guillamón, que se quedaron en Cirat, donde se casaron y tuvieron descendencia. Yo estuve en Cirat haciendo búsquedas y me asombré de la cantidad de personas apellidadas Navarrete y Guillamón. Desafortunadamente, durante la Guerra Civil española quemaron los archivos de la iglesia, una práctica que ocurrió en muchos pueblos españoles en manos de los rojos. Por suerte, encontré en la Alcaldía el Registro Civil que comienza hacia 1880 y me permitió encontrar a los padres y hermanos porque fallecieron después, además de algunos bautizos y matrimonios de sobrinos. 

4- Amparo Martín Pupo
la esposa de Gerardo Navarrete Ochoa

Amparo, la esposa de Gerado Navarrete Ochoa

Nacimiento: en Lora del Río, Sevilla, España, a fines de 1879.
Estuve en Lora del Río y no encontré el bautizo de Amparo, aunque en la defunción de su padre dice que ella nació allí. En Lora del Río, durante la guerra civil española, los republicanos también quemaron los libros de la iglesia en una pira pública (una de las estupideces más grandes de la historia). Tampoco la encontré en el Registro Civil pues Amparo nace en un momento en que apenas se está estableciendo la ley del Registro Civil en la península. Sin embargo, tuve suerte porque hallé los Padrones de Vecinos, en el Archivo Municipal. Unos libracos donde anotaban casa por casa, como en un Censo, el nombre, la profesión y edad de cada habitante. Allí encontré la casa de los padres de Manuel, sus hermanos, etc y aparece el propio Manuel en diferentes momentos ya que estos Padrones se hacían con regularidad. Me impresionó mucho que esos Registros o Padrones llevaban el impacto de balas. La archivera me comentó que eso se debía a que durante la guerra civil sirvieron para protegerse de balaceras. Increíble.

Defunción: A los 57 años, en Banes, el 8 de enero de 1936 (Registro Civil de Banes, Tomo 22, Folio 122).

Matrimonio: Banes (Registro de Samá) el 28 de noviembre de 1900 (a los 22 años). Ver arriba Salvador Gerardo Antonio Navarrete Ochoa

Padre: José Martín Corona (nacido en Lora del Río, provincia de Sevilla, Andalucía, España, el 30 de diciembre de 1840, fallecido en Arcos de la Frontera, cuando se encontraba en el Batallón de Depósito o Reserva de esta ciudad andaluza, el 1 de marzo de 1879).

Madre: Manuela Antonia Rufina Pupo González (bautizada en Fray Benito, el 15 de noviembre de 1855, 
fallecida en Barrederas, Holguín, el 20 de octubre de 1933).

5- José Martín Corona
el padre de Amparo Martín Pupo

Nacimiento: Lora del Río, el 30 de diciembre de 1840
Defunción: A los 42 años, en Arcos de la Frontera, Andalucía, el 2 de mayo de 1882 (Registro Civil de Arcos, Folio 73, N. 145), de catarro pulmonar.
Matrimonio: Santa Florentina del Retrete de Fray Benito, actual provincia de Holguín, el 16 de octubre de 1876 (a los 36 años).
Padre: Antonio Martín Navarro (profesión jornalero).
Madre: Josefa Corona (hija al parecer de Luis Corona, quien aparece en un Padrón de 1840 como labrador).
Los padres de José Martín Corona aparecen en los Padrones de 1840, 1844, 1854, 1858, en el barrio de Santa María, en Lora del Río, pueblo a orillas del Guadalquivir, y al noreste de Sevilla.

Vida: Fue Teniente de Infantería. Estuvo en la guerra de Santo Domingo (República Dominicana) del 12 de enero de 1864 al 24 de octubre de 1864, y luego del 7 de junio de 1865 al 26 de octubre de 1865. Fue afectado, por decreto, el 4 de marzo de 1870 a la guerra de Cuba, en la que estuvo desde el 18 de octubre de 1870 hasta el 9 de junio de 1878. Por su carrera como militar español recibió las siguientes órdenes y distinciones: Orden militar por la toma de Montecristi (1864), la Orden de plata del Mérito Militar por la defensa de Las Tunas (1869), Medalla con distintivo rojo y dos pasadores (1876), Cruz de primera clases del Mérito Militar (1877), Tercer pasador den la medalla por la guerra de Cuba (1877), Orden de Benemérito de la Patria (1878), Cruz Blanca de primera clase del mérito militar (1878), Cruz de la Orden Militar de San Hermenegildo, pasando a ser Caballero de esta orden (1880).

José conoce a su futura esposa Manuela, cuando lo envían en septiembre de 1874 a la zona de Fray Benito (actual provincia de Holguín, al oeste del término de Banes y sur de Gibara), para trabajar en la construcción de unos fuertes defensivos en la línea Fray Benito – Samá (todavía algunos de esos fuertes se pueden ver en dicha zona). El 24 de mayo de 1876 participa en una acción de combate en las Lomas de Izquierdo, cerca de Alcalá, luego en Bijarú, en Los Berros, etc. Se casa en la Iglesia Santa Florentina del Retrete de Fray Benito, el 16 de octubre de 1876 (consta en el Tomo 2, Folio 209, n. 707) con Manuela Pupo González. Cuando termina la guerra en 1878 queda en situación de remplazo en el batallón de La Habana y en febrero de 1879 lo destinan al Batallón de Depósito de Arcos de la Frontera, en Andalucía, al que se incorpora como reservista el 1 de marzo de 1879. En su viaje de regreso a España lo acompaña su esposa Manuela, ya embarazada de Amparo, con lo cual se supone que Amparo nace en Lora del Río, a donde llegó de regreso Manuel en 1878. Además de Amparo nacerán en España dos hijos más: José (en 1881) y Caridad (en diciembre de 1882, fallecida de niña en febrero de 1883). Estando sirviendo en dicho Batallón de Depósito, José muere de un catarro pulmonar, el 2 de mayo de 1882. El expediente militar de José se encuentra en el Registro General Militar de Segovia, n. 28655 (lo solicité igual que el de Ramón y tengo la copia). En dicho expediente aparecen las cartas que Manuela escribe a la alta jefatura militar española pidiendo la pensión de su esposo, un pasaporte y la repatriación a Cuba pues alega no tener familia en España y tener a toda la suya en Cuba.

6- Manuela Antonia Rufina Pupo González
la madre de Amparo Martín Pupo

Bautizo: Fray Benito, el 15 de noviembre de 1855, en la iglesia Santa Florentina del Retrete de Fray Benito, según consta en el Tomo 5, Folio 16, N. 15.

Defunción: A los 78 años, en Barrederas, Oriente, el 20 de octubre de 1933.

Matrimonio: Santa Florentina del Retrete de Fray Benito, actual provincia de Holguín, el 16 de octubre de 1876 (a los 21 años).

Vida: Al enviudar de José y regresar a Cuba, volvió a casarse con Martín Betancourt Driggs (con quien tuvo a Juana, Juan y Antonio Betancourt Pupo), medio hermanos de Amparo Martín Pupo. También tuvo una hija natural llamada María Dolores Pupo que fue la esposa de Enrique Domínguez Dumois, madre de los Domínguez Pupo y falleció en Miami en un accidente de carro.

Padre: José Francisco de Jesús Pupo de la Cruz (nacido en Potrerillo, Gibara, el 5 de marzo de 1829, bautizado en Santa Florentina del Retrete de Fray Benito, el 11 de marzo de 1829 y fallecido en Potrerillo, en 1924. Quien era hijo a su vez de José Eugenio Pupo de Rojas, nacido en Holguín, el 18 de septiembre de 1799, según consta en el Tomo 5, Folio 53 dorso de la Catedral de San Isidoro de Holguín y de María de las Angustias de la Cruz, nacida en Holguín en 1801 y fallecida en Fray Benito, el 27 de junio de 1874, según consta en el libro de defunciones de esa iglesia, Tomo 2, Folio 173, n° 2187). Casamiento de José Eugenio y María de las Angustias, en San Isidoro de Holguín, 22 de julio de 1818.
Madre: Caridad Plácida de Jesús González Zaldívar (nacida en Fray Benito, el 5 de enero de 1838, bautizada en la iglesia Santa Florentina del Retrete, el 13 de enero de 1838, según consta en el Tomo 2, Folio 40, n° 760, y fallecida en Banes en 1905. Quiera era hija a su vez de Miguel de Jesús González Pupo y de Dolores Zaldívar Pupo). Casamiento de Miguel de Jesús y Dolores, en Fray Benito, el 27 de agosto de 1835.

Casamiento entre José Francisco y Caridad Plácida: en Fray Benito, el 20 de agosto de 1853 (Tomo 1, Folio 216, n° 433)


7- Hijos de Gerardo Navarrete Ochoa y Amparo Martín Pupo:

Una carta de 1948 de Gerardo Navarrete Ochoa a su hijo
Joaquín Navarrete Martín en Venezuela


Lucila Donatila Navarrete Martín (n. Banes, el 30 de noviembre de 1901 y f. en Banes, el 21 de octubre de 1947). Casada en Banes, el 8 de mayo de 1931 con Francisco Marcelino Callejas Ulloa (hijo de Idolomiro Callejas Casadeus, nacido en Santiago de Cuba, y de María Ana Ulloa Cabrera, nacida en Kingston, Jamaica). Lucila fue Reina de Belleza del Carnaval de Banes de 1922. El periódico El Pueblo del 4 de marzo de 1922 le dedica la portada y una poema, que también reproduce Ricardo Varona Pupo en su libro Banes (crónicas), publicado en Santiago de Cuba, Imprenta Ros Masó, en 1930.

- Víctor Fermín Navarrete Martín (n. en Banes el 7 de julio de 1902; f. en Santiago de Cuba el 1 de febrero de 1978). Casado en primeras con ? Carralero (natural de Deleite, término de Banes); y en segundas con Tertulina Gregoria López Rodríguez (hija de José López Molero, natural de Hinojosa del Duque, provincia de Córdoba, Andalucía, y de Isabel Rodríguez Pacheco, n. en Mayarí el 4 de agosto de 1904 y f. en Santiago de Cuba el 14 de noviembre de 1999).

- Gerardo Jacinto Navarrete Martín (n. en Banes, el 11 de septiembre 
de 1903; f. en Banes, siendo niño).

- Jorge Valérico Navarrete Martín (n. en Banes, el 1 de abril de 1905; f. en Banes, el 21 de abril de 1984). Casado con Cecilia Rivero Leyva (n. en Banes, el 22 de noviembre de 1908; f. en Banes, en 1992).

- Gerardo Joaquín Navarrete Martín (n. Banes, el 22 de agosto de 1909, f. en Banes el 8 de abril de 1991). Casado en Banes, el 26 de julio de 1936 con Juana Rosalía Hernández Almira (n. en Banes, el 27 de enero de 1908 y f. en Banes, el 1 de noviembre de 1983 (h. de Ramón Pastor Hernández Almaguer y Francisca Almira Cabrera).

- María Luisa Navarrete Martín (Güicha) (n. en Banes, el 4 de enero de 1911; f. a los 100 años de edad en Fort Lauderdale, Florida, USA, el 26 de abril de 2011). Casada con Luis Carballosa Romero (n. en Banes y f. en Miami, USA).

- Ángel Luis Navarrete Martín (n. en Banes, el 29 de mayo de 1913; f. en La Habana, el 27 de agosto de 1991). Casado con Caridad Rosa Ojeda González (n. en Banes, el 20 de septiembre de 1917, f. en La Habana, en febrero de 2001, hija de Camilo Ojeda Castro, nacido en Orense, Galicia y de Josefa González Pupo, natural de Gibara).

- Gerardo Guillermo ‘‘Lelín’’ Navarrete Martín (n. Banes, el 30 de septiembre de 1914; f. en La Habana, el 4 de septiembre de 2001). Casado con Asteria Amaya Landívar (n. en Banes, el 10 de agosto de 1914; f. en La Habana, el 6 de diciembre de 2008).

- José Antonio ‘‘Tony’’ Navarrete Martín (n. en Banes, el 15 de marzo de 1916; f. en Banes, el 4 de octubre de 1933). Casado con Georgina Pantoja Abreu (hija de Cándido Pantoja Mondeja, nacido en Jamaica, y de Luisa Abreu Abreu, natural de Canarias). 

- Caridad Ángela ‘‘Cachita’’ Navarrete Martín (n. en Banes, el 31 de mayo de 1919; f. en Banes, el 28 de octubre de 2011). Casada en Banes, el 20 de febrero de 1943, con Salvador Velázquez Fornaguer.

- Alberto Román ‘‘Betico’’ Navarrete Martín (n. en Banes, el 16 de marzo de 1921; f. en Banes, el 25 de junio de 2002). Casado en primeras con Migdalia Mosqueda Rojas (f. en Banes, en 2010, hija de Ricardo Mosqueda Lambert, natural de República Dominicana, y de Julia Rojas Hidalgo, natural de Banes), y en segundas nupcias con Norka Llamo Laborí.

Ernesto Navarrete Martín (nacido y fallececido en Banes de niño).

Ana Rosa Navarrete Martín (nacido y fallecida en Banes de niña).

Luis Navarrete Martín (nacida y fallecido en Banes de niño).

- María [Navarrete] Quevedo (hija no reconocida de Gerardo Navarrete Ochoa con una mujer de Cayo Mambí antes de casarse con Amparo) (María Quevedo nació en Cayo Mambí, Oriente, el 10 de diciembre de 1895 y falleció en Miami en octubre de 1990). Casada con Néstor Bejerano.

Algunos hermanos Navarrete Martín. Delante: Angel Luis, Güicha y Caridad (Cachita)
Detras: Alberto (Betico), Angel Luis, José Angel (Tony) y Joaquín. En Banes.